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en al-Andalus

Muhammad II al-Mahdí
Califa de al-Andalus (?<1009>1010) 1ª vez

Genealogía

 

Resumen

La aristocracia omeya en general, y los parientes del califa Abd al-Rahman III en particular, habían pagado con sus vidas los sucesivos fracasos de las conjuras perpetradas contra Almanzor y contra sus hijos Abd al-Malik y Abd al-Rahman “Sanchuelo”. Sólo consiguieron triunfar cuando, en 1009, este último, cometió la última de sus torpezas al pedir y obtener del débil califa Hisham II el nombramiento de heredero. Hecho que le granjeó la repulsa general de todos los cordobeses.

Esa vez, los conjurados eligieron para encabezar la rebelión a un hombre de alto linaje, desvergonzado y muy popular entre la clase baja de Córdoba. Se llamaba Muhammad ben Hisham ben Abd al-Chabbar y era bisnieto de Abd al-Rahman III e hijo de Hisham ben Abd al-Chabbar, que había sido asesinado por sicarios de Abd al-Malik, cuando intentó apoderarse del califato derribando a Hisham II y al propio Abd al-Malik.

La conspiración tenía que apoyarse en el pueblo cordobés. Para conseguirlo, Muhammad ben Abd al-Chabbar utilizó la fortuna que la madre de Abd al-Malik, deseosa de venganza por la muerte de su hijo que creía auspiciada por Sanchuelo, había puesto en sus manos. Con ella amplió el número de adeptos a su causa y pagó la sumisión de la gente de la peor calaña de Córdoba.

Según los planes previstos, los sublevados aguardaron a que Sanchuelo, que mandaba una expedición contra los cristianos, se dispusiera a entrar en territorio enemigo para iniciar la revuelta. Cuando esto sucedió, incitaron a las turbas a rodear el alcázar para intimidar a Hisham II, que lo habitaba en aquel momento. El califa intentó calmar a las multitudes saliendo a la terraza para mostrarse ante ellos, pero ante el abucheo general se retiró a su oratorio y ordenó a la guardia que no hiciese uso de las armas. Las turbas asaltaron inmediatamente el palacio y se dedicaron al pillaje. Hisham II, viéndose perdido, envió un mensajero a Muhammad ben Hisham ben Abd al-Chabbar pidiéndole el desalojo del palacio bajo la promesa de desposeer a Sanchuelo del Poder, devolver los privilegios a sus parientes omeyas y nombrarlo heredero. Ibn Abd al-Chabbar se negó, y mediante un eunuco le hizo saber que había tomado el Poder y le invitaba a abdicar en su favor. Hisham II no contestó, pero aquella misma noche los altos dignatarios, funcionarios y alfaquíes juraron fidelidad al nuevo soberano. Hisham II abdicó con palabras que fueron recogidas y autentificadas por dos notarios. A continuación, Muhammad ben Hisham ben Abd al-Chabbar fue entronizado y tomó el título honorífico de al-Mahdí bi-llah (el bien elegido por Dios).

Al día siguiente, para agradecer el apoyo de los cordobeses a su entronización, Muhammad al-Mahdí permitió que cualquier ciudadano se pudiera inscribir en el ejército como soldado remunerado. A continuación ordenó a un primo suyo, recién nombrado hayib (primer ministro o chambelán), asaltar Medinat al-Zahira, complejo residencial construido por Almanzor. Las nuevas tropas y parte de la población cordobesa entraron, sin ninguna resistencia, en los palacios y los saquearon. Cuando no quedó nada, Muhammad al-Mahdí ordenó demoler al-Zahira, que quedó reducida a escombros.

Mientras tanto, Sanchuelo, conocedor ya de la revolución cordobesa, emprendió el regreso a Córdoba para enfrentarse a Muhammad al-Mahdí. Este había conseguido poner el pueblo a su favor al haber prometido la abolición varios impuestos establecidos por Sanchuelo. En lugar de continuar avanzando, Sanchuelo se paró durante varios días cerca de Córdoba para tomar juramento de fidelidad a las tropas. Decisión que implicaba su falta de confianza en ellas. El jefe de los bereberes hizo notar a los suyos el inconveniente de atacar a los cordobeses teniendo en cuenta que sus familias se encontraban en la ciudad y seguramente sufrirían represalias. El cadí que acompañaba a las tropas le aconsejó no enfrentarse a los cordobeses porque la mortandad que se produciría era contraria a la ley. Consciente de su debilidad, Sanchuelo continuó su marcha. Pero en la noche de la siguiente etapa, las tropas bereberes desertaron y se dirigieron a Córdoba donde fueron muy bien recibidas. El conde cristiano de la familia de los Bani Gómez de Carrión, que lo acompañaba, le aconsejo pedir la ayuda de Wadih, jefe de la Marca Media y gobernador de Medinaceli. No lo hizo y siguió avanzando obstinadamente con una escasa tropa. En su última etapa, alojó a las mujeres de su harén en una finca de recreo y él se alojó en un monasterio cercano. Al día siguiente, una tropa enviada por Muhammad al-Mahdí lo capturó y en el traslado a Córdoba fue ejecutado junto con el conde cristiano. Sus cadáveres fueron expuestos a los cordobeses clavados en postes.

Muhammad al-Mahdí no tardó en mostrar sus carencias como soberano. Se rodeó de personas ineptas para gobernar y rápidamente se granjeó la enemistad de todos los que podrían haber sostenido su califato. Se equivocó cuando permitió las provocaciones del populacho contra los mercenarios bereberes de Zawí ben Zirí y sus familias, con lo que se agenció su hostilidad. Otro error fue cuando, después de haber recibido la adhesión de Wadih, expulsó de Córdoba a los "saqalibas" (élite militar y de altos funcionarios eslavos, en su mayoría “amiríes” que habían sido encumbrados por Almanzor y sus hijos), que ya le habían prometido su fidelidad y tuvieron que refugiarse en la zona de Levante (Xarq). Además, intentó engañar a los omeyas presentándoles un cadáver parecido al depuesto Hisham II, al que había sacado del palacio e instalado en una casa de Córdoba. La reclusión de varios familiares que protestaron por el hecho, incluido Sulayman, su proclamado heredero e hijo de Abd al-Rahman III, hizo que Hisham, hijo de Sulayman se pusiera al frente de un movimiento para derribar a Muhammad al-Mahdí.

Un nuevo error del califa fue el de licenciar, por mediocres, a unos siete mil de los soldados que había permitido ingresar en el ejército al inicio de su mandato. Estos, despechados, engrosaron inmediatamente las filas del pretendiente Hisham, que junto con los bereberes reunió una considerable fuerza. Muhammad al-Mahdí advirtió el peligro e intentó parlamentar con Hisham poniendo en libertad a su padre para facilitar la negociación. Las exigencias de Hisham hicieron imposible el acuerdo.

A comienzos de junio del mismo 1009, en un intento de asalto al Alcázar, Hisham fue hecho prisionero y muerto, los bereberes se retiraron de la capital y fueron declarados fuera de la ley. Sus familias, que permanecían dentro de la ciudad, fueron víctimas de inclementes matanzas. Deseosos de venganza, los bereberes buscaron alianzas para conseguir apoderarse de Córdoba.

Comenzaba así una serie de guerras civiles (fitna) que se extendieron por todo al-Andalus.

Para dar legitimidad a su rebelión, los bereberes eligieron para encabezarla a Sulayman ben al-Hakam, bisnieto de Abd al-Rahman III. A continuación se dirigieron a Medinaceli para solicitar el apoyo de Wadih, que rechazó. Por último, enviaron una embajada a Sancho García, conde de Castilla, para pedir su ayuda. Lo mismo habían hecho, y con el mismo propósito, Wadid y Muhammad al-Mahdí.

Sancho García, decidió apoyar a los bereberes con el compromiso de recibir varias plazas fuertes en la frontera del Duero si conseguían el éxito. El conde avitualló a los bereberes y unió a ellos sus tropas. Cerca de Alcalá de Henares, los aliados se enfrentaron a Wadih, que había conseguido refuerzos del califa. Wadih fue derrotado y tuvo que replegarse hacia Córdoba.

Muhammad al-Mahdí, que había reforzado las defensas de Córdoba, salió para enfrentarse a bereberes y castellanos con tropas mal preparadas. En noviembre de aquel año, cerca de la confluencia de los ríos Guadalquivir y Guadalmellato, los cordobeses sufrieron una gran derrota. Muhammad al-Mahdí hizo un último intentó para salvar su situación. Mostró a Hisham II y afirmó que él había actuado siempre como vicario del auténtico califa. Solamente obtuvo burlas y se tuvo que ocultar en una casa de Córdoba durante algún tiempo.

Pocos días más tarde, Zawi ben Zirí y Sulayman entraron en el Alcázar y al día siguiente, en la mezquita mayor, Sulayman fue proclamado califa tomando el título honorífico de al-Mustaín bi-llah (el que busca el auxilio de Dios).

 

Sucesos contemporáneos

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Reyes y gobernantes coetáneos

León:

Rey de León.

Alfonso V (999-1028).

Castilla:

Conde de Castilla. (Independiente de hecho de León).

Sancho García (995-1017).

Navarra:

Rey de Pamplona.

Sancho III "el Mayor" (1004-1035).

Aragón:

Condado de Aragón.

------- Unido a Pamplona.

Condesa de Ribagorza.

Toda (1003-1010).

Cataluña:

Conde de Pallars.

Suniario (996-1010).

Conde de Cerdaña.

Wifredo II (988-1035).

Conde de Besalú.

Bernardo I "Tallaferro" (994-1020).

Conde de Ampurias.

Hugo I (991-1040).

Conde de Barcelona.

Ramón Borrell (992-1018).

Conde de Urgel.

Armengol I (992-1011).

Francia:

Rey de Francia.
(Dinastía Capeta).

Roberto II "el Piadoso" (996-1031).

Alemania:

Rey de Germania.
(Dinastía de Sajonia).

Enrique II "el Santo" (1002-1024).

Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico.

Enrique II "el Santo" (1002-1024).

Italia:

Reyes de Italia. (Norte).

------- (Perteneciente al Sacro Imperio Romano Germánico).

Dux de la República de Venecia.

Pietro II Orseolo (991-1009).
Ottone Orseolo (1009-1026).

Estados Pontifícios. (Papas).

Juan XVIII (1004-1009).
Sergio IV (1009-1012).

Príncipe de Benevento. (Lombardos).

Pandulfo II (982-1014).

Príncipe de Capua. (Lombardos).

Pandulfo II (1007-1022). (Con Pandulfo III (1007-1014) como corregente).

Príncipe de Salerno. (Lombardos).

Guaimario III (994-1027).

Catapán. (Catapanato bizantino de Italia).

Juan Curcuas (1008-1010).

Emir de Sicilia.

Jafar II (998-1019).

Britania: Escocia:

Rey de Alba.

Malcolm II (1005-1034).

Inglaterra:

Rey de Inglaterra.

Aethelred II (978-1016).

Gales:

Rey de Gwynedd.

Llywelyn ap Seisyll (1005-1023). (Rey de Powys y de Deheubarth).

Príncipe de Morgannwg. (Glywysing).

Rhys ap Owain (1005-1035).

Rey de Powys.

Llywelyn ap Seisyll (999-1023).

Rey de Deheubarth.

Edwin ab Einion (1005-1018).

Imperio bizantino. (Bizancio):

Emperadores.

Basilio II Bulgaroctono (976-1025) y Constantino VIII (976-1028).

Imperios árabes:  Califato abbasí:

Califa abbasí. (Bagdad).

Al-Qadir (991-1031).

Califato fatimí:

Califa fatimí. (al-Mansuriya) (En la actual Túnez).

Huséin al-Hakim Bi-Amrillah (996-1021).

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