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Jaime I "el Conquistador"
Rey de la Corona de Aragón (1208<1213-1276>1276)

Genealogía


Su reinado

Jaime I nació en Montpellier en 1208 y era hijo de Pedro II “el Católico”, rey de la Corona de Aragón, y de María de Montpellier, titular del señorío del mismo nombre situado en el sur de la actual Francia.

En 1211, la cruzada contra los cátaros avanzaba por tierras de los vasallos de Pedro II y luego por las de sus propios dominios situados en el Languedoc. El rey, para evitar el enfrentamiento armado, negoció con los legados papales y con Simón de Montfort, líder de la cruzada, con el que llegó a concertar la boda de Jaime con la hija de aquél. Además, consintió poner a su hijo en manos de éste, convirtiéndolo en su tutor hasta que tuviese quince años para celebrar el matrimonio (realmente lo dio en rehén). Con este acuerdo, Pedro II volvió a Aragón creyendo haber parado el golpe contra sus territorios y los de sus vasallos, pero no fue así. Simón de Montfort continuó atacando y tomando ciudades. Las protestas que hizo el rey aragonés en 1212 ante el papa por las actuaciones del de Montfort no recibieron ninguna satisfacción. Por ello, Pedro II decidió proteger con las armas a sus vasallos.

En septiembre de 1213, Pedro II fue derrotado y muerto por Simón de Montfort ante las murallas de la ciudad fortificada de Muret. Ante este suceso, los nobles de la Corona de Aragón, conscientes de que el papado imponía, o lo intentaba, su política en los reinos cristianos, pidieron al papa Inocencio III que ordenara a Simón de Montfort la entrega de Jaime.

La muerte de Pedro II y el consiguiente vacío de poder en la Corona de Aragón propició que Guerao de Cabrera, encerrado por aquél en el castillo de Loarre por haber usurpado el condado de Urgel a su legítima heredera Aurembiaix, fuera puesto en libertad y consiguiera, con la ayuda de los magnates locales, recuperar el condado al derrotar fácilmente a Guillermo de Cardona, que lo tenía en custodia por cinco años por decisión real.

En enero de 1214, Jaime I, después de haber sido entregado por Simón de Montfort, fue llevado al castillo de Monzón (Huesca) para ser protegido por la orden del Temple y educado por su gran maestre Guillem de Montrodón, como había dispuesto su fallecida madre. También se encontraba en el castillo su primo Ramón Berenguer V de Provenza.

En aquel año, en una asamblea celebrada en Lérida de nobles y vecinos de algunas ciudades del reino, el legado papal impuso el juramento de fidelidad a Jaime I y el nombramiento de un consejo de regencia integrado por dos gobernadores para Aragón y uno para Cataluña, presidido, en calidad de procurador general, por Sancho, conde del Rosellón, Cerdaña y Conflent y tío abuelo del nuevo rey, aunque no gozara de la confianza del papa.

El conde Sancho, desde el primer momento, tuvo que enfrentarse a los graves problemas financieros que había dejado Pedro II; a la progresiva pérdida de influencia de la Corona de Aragón en los territorios del Languedoc debida a las injerencias de los franceses y del papado; y a una nobleza enfrentada entre sí que, además, había formado una liga que se le oponía liderada por el infante Fernando, hermano de Pedro II y abad de Montearagón.

En 1216, el papa, para evitar los enfrentamientos nobiliarios, impuso un nuevo consejo de siete nobles y prelados presididos también por el conde, donde figuraban, entre otros: Gimeno Cornel, Pedro de Ahones, Guillermo de Cervera y el arzobispo de Tarragona. La nueva composición no resolvió el conflicto porque muy pocos nobles quisieron colaborar con don Sancho. Además, un grupo de ellos lo acusaron, con escasos argumentos, de querer apoderarse del reino y se comprometieron a defender al rey, aunque respetando la autoridad del conde siempre y cuando “gobernase bien”.

También en aquel año, don Sancho, ante las conquistas de Simón de Montfort en los territorios del Languedoc, realizadas con el beneplácito del papado y en detrimento de los intereses de la Corona de Aragón, decidió apoyar militarmente al hijo del conde de Tolosa en la rendición de Beaucaire y, también, al año siguiente en la de Tolosa. La reacción del nuevo papa Honorio III fue la de amenazar con la excomunión a Jaime I y emprender una cruzada contra la Corona.

En 1217, los enfrentamientos continuaban en el condado de Urgel entre los partidarios de Aurembiaix y los de Guerao de Cabrera. Para conseguir la paz, las cortes reunidas en Monzón condicionaron la titularidad del condado a Guerao de Cabrera si éste aportaba una determinada cantidad de dinero al rey en el plazo de dos años, pero se respetarían los derechos de Aurembiaix si ésta, en el mismo plazo, apareciera con la misma cantidad.

En 1218, la amenaza papal y las presiones del bando de nobles liderados por el abad de Montearagón lograron la renuncia de la Corona a cualquier empresa en el Languedoc y la retirada del conde. Conseguida ésta, pocos notables quedaron para defender los derechos y autoridad de la Corona, ya que casi todos los fieles a don Sancho se pasaron al bando ganador. A partir de ahí, las tensiones entre nobles y concejos fueron constantes y el poder de la Corona desapareció. Además, la facción ganadora sacó de Monzón a Jaime I para que comenzara su gobierno personal, con lo que propiciaron que aquel niño de diez años fuera utilizado por unos y otros como un muñeco al que llevaban a diferentes asambleas para suscribir todo tipo de concesiones y confirmaciones.

En 1220, además del adelanto de la mayoría de edad de Jaime I al cumplir los trece años, se produjo la primera revuelta de los nobles más belicosos contra el joven rey. Comenzó cuando el noble aragonés Rodrigo de Lizana se apoderó de la villa y el castillo del noble Lope de Albero por motivos personales y jurisdiccionales. Éste pidió y consiguió la ayuda militar de Jaime I para ir contra el de Lizana, que a su vez consiguió el apoyo del señor de Albarracín Pedro Fernández de Azagra y el de otros nobles. El enfrentamiento se desencadenó cuando el rey y sus fieles pusieron sitio a la inexpugnable ciudad de Albarracín, pero fue imposible tomarla por sus características defensivas, porque las fuerzas estaban igualadas y porque el bando real estaba plagado de infiltrados que informaban al bando sitiado de todas las estrategias que se iban a adoptar. El enfrentamiento acabó con un fracaso para Jaime I que tuvo que pactar la suspensión de las hostilidades y perdonar a los sublevados.

En 1221, después de la boda pactada de Jaime I con Leonor, hija de Alfonso VIII de Castilla, comenzó a fraguarse la segunda revuelta de los nobles. Los prolegómenos se iniciaron en el Rosellón con una disputa de cetrería (la entrega de un azor torzuelo) entre Nuño Sans, hijo del ex procurador general don Sancho, y Guillermo de Moncada. Una vez declarados enemigos, se formaron dos bandos: el de Moncada consiguió los apoyos del señor de Albarracín, de Pedro Cornel, de Rodrigo de Lizana y de Vallés de Antillón; y don Nuño atrajo a su causa al infante Fernando, a Pedro de Ahones y al vizconde de Cardona. Don Nuño, viéndose perdedor, acudió al rey para conseguir su apoyo que consiguió por amistad y parentesco. Jaime I convocó a todos los implicados en el castillo de Monzón donde amenazó a los que actuaran contra don Nuño.

En 1222, Guerao de Cabrera, que había conseguido gran influencia en la corte de Jaime I, consiguió de éste el reconocimiento formal como conde feudatario de Urgel, con el compromiso de no interferir en los trabajos de la justicia real sobre la definitiva titularidad del condado en el caso de que Aurembiax lo reclamase.

En 1223, estalló la previsible revuelta nobiliaria cuando Guillermo de Moncada reunió a sus aliados para invadir el Rosellón. Jaime I, informado por don Nuño, escribió a don Guillermo para que desistiera de sus propósitos, pero éste no hizo caso e invadió el Rosellón conquistando varios castillos. Ante el desprecio, el rey reunió a sus huestes y capturó varios castillos a los rebeldes. Después puso sitio a Moncada durante tres meses, pero fracasó al no poder impedir que la ciudad fuera abastecida desde el exterior. Jaime I tuvo que volver a Aragón sin poder evitar que los de don Guillermo se dedicaran a saquear Tarrasa en las semanas siguientes.

En 1224, Jaime I tenía a casi todos los nobles en su contra, pues también don Nuño cambió de bando como habían hecho anteriormente, con el pretexto de asegurar el orden en el reino, Pedro de Ahones y el infante don Fernando.

En 1225, Guillermo de Moncada y sus fieles acudieron a Alagón con la excusa de ponerse bajo el mandato de Jaime I y cumplir su voluntad. Pero lo que hicieron fue convencer con engaños al rey para que se trasladara a la cercana Zaragoza. Realizado el viaje, el rey fue encerrado con su esposa Leonor en el torreón de la Zuda, de donde intentó escapar por una ventana. Durante su cautiverio tuvo que soportar la humillación de ver como la nobleza se hacía con el control del reino repartiéndose honores y, además, la de tener que pagar a varios nobles veinte mil maravedíes en concepto de indemnización.

En aquel año, una vez terminado el cautiverio de Jaime I, aunque siguió vigilado por los cabecillas de la nobleza, se celebró una asamblea en Tortosa, donde el rey hizo pública su intención de reemprender la lucha contra los musulmanes. Lo hizo, al parecer, con el objeto de pacificar el reino e implicar a la nobleza en una campaña que les daría beneficios. El primer objetivo fue Peñíscola y su sitio un fracaso, porque los nobles abandonaron al rey y se marcharon con sus tropas.

En 1226, Jaime I decidió renunciar definitivamente a defender los intereses de la Corona en los territorios al norte de los Pirineos. Lo que había empezado la regencia en 1218, empeoró en ese año ante la desolación de muchos de los habitantes de aquellas tierras que consideraron la decisión real como una traición.

Otra decisión que tomó Jaime I en aquel año fue la de continuar la lucha contra los musulmanes. Para ello concentró en Teruel a sus tropas y esperó la llegada de los nobles con las suyas, pero estos no aparecieron y el rey tuvo que volver a Zaragoza después de haber suscrito una tregua con el semiindependiente gobernador almohade de Valencia Zeit Abú Zeit. En el camino se encontró con una tropa mandada por Pedro de Ahones que pretendía hacer una correría por tierras de Valencia sin tener en cuenta la tregua firmada. En una reunión que tuvieron, el rey le pidió que renunciara a su pretensión. La negativa de don Pedro provocó una lucha cuerpo a cuerpo entre los dos. Don Pedro, seguramente herido, huyó pero fue alcanzado y muerto por un caballero del rey.

Aquella muerte dio origen a la tercera revuelta nobiliaria, ya que muchos nobles, entre los que se encontraban el infante Fernando, Pedro Cornel, el obispo de Tarragona, Pedro Fernández de Azagra y Guillermo de Moncada, aprovecharon el hecho para aliarse contra el rey y dejarlo en soledad para debilitarlo. Además, consiguieron implicar a ciudades como Zaragoza, Huesca o Jaca, con las que firmaron un pacto de mutua defensa de los respectivos privilegios. El resto de ciudades y villas, con pocas excepciones, se mantuvieron al margen. Los enfrentamientos armados, de poca entidad, estuvieron localizados en las tierras entre Zaragoza y Huesca, siendo el más importante el que tuvo lugar cerca de El Castellar, que fue favorable al rey.

En 1227, una mediación del papa, a través del arzobispo de Tortosa, consiguió que Jaime I y sus seguidores, se reunieran en Alcalá del Obispo con los nobles rebeldes para firmar un acuerdo (Concordia de Alcalá) de sometimiento a la sentencia arbitral dictada por tres clérigos para conseguir la paz. El veredicto exigió reparaciones mutuas y la entrega al rey de las posesiones de don Pedro; las ciudades fueron perdonadas y los nobles consiguieron numerosas prebendas. Esta sentencia puso fin temporalmente a las revueltas nobiliarias y fortaleció al rey frente a la nobleza, aunque los descontentos y enfrentamientos continuarán durante años.

En agosto de 1228 se estableció un convenio por el que Aurembiaix cedió a Jaime I todos sus derechos al condado de Urgel, recibiendo a cambio el condado en feudo y una compensación de tenencias, también en feudo, de varias villas en el bajo Cinca. Además, se convino la ocupación o toma de las villas del condado. En octubre Jaime I y Aurembiaix pactaron un precontrato matrimonial en Agramunt, que se llevaría a efecto si el rey consiguiera la anulación de su matrimonio con Leonor de Castilla.

En las cortes reunidas en Barcelona en diciembre de aquel año, Jaime I expuso su decisión de conquistar las Baleares para acabar con la piratería mallorquina que asolaba las costas de la Corona. Allí prometió recompensar, según lo que aportaran, a todos los que participaran en la conquista. También se acordó que la reunión de tropas y barcos se haría en Salou a finales de mayo del año siguiente.

En 1229, Jaime I pidió y consiguió que la Iglesia anulase su matrimonio con Leonor de Castilla a pesar de ser un casamiento legítimo, ya que el concilio de Letrán de 1215 había rebajado las nulidades por parentesco hasta el cuarto grado. La anulación no afectó a los derechos del infante Alfonso, hijo de ambos, que había sido jurado heredero en las cortes celebradas en Daroca el año anterior. A continuación, Jaime I preparó el enlace matrimonial de Aurembiaix de Urgel con el infante Pedro de Portugal, nieto de Ramón Berenguer IV de Barcelona, que se celebró aquel mismo año. Jaime I pensó, seguramente, que tenía el condado suficientemente asegurado con el feudo sin necesidad de contraer matrimonio.

En aquel año, Zeit Abú Zeit tuvo que refugiarse en Segorbe después de haber huido de Valencia tras la revuelta capitaneada por Zayyan ben Mardanis. Para recuperarla firmó un acuerdo con Jaime I en Calatayud en el que pedía ayuda militar contra Zayyan, se reconocía vasallo del aragonés y se comprometía a pagar un cuarto de las rentas del territorio que recuperase, y en señal de buena fe entregaría los castillos de Peñíscola, Morella, Culla, Alpuente, Jérica y Segorbe.

También en aquel año, Jaime I solicitó en las cortes de Lérida ayuda a los aragoneses para efectuar la conquista de Mallorca. Los nobles intentaron convencer al rey para que cambiase el objetivo de la empresa por la conquista de Valencia, pero Jaime I no accedió. En septiembre, los participantes de todo el reino, reunidos en Tarragona, Salou y Cambrils, se hicieron a la mar. Tras una navegación con algunas dificultades, desembarcaron en la isla de Mallorca y pusieron sitio a Madina Mayurqa (Ciudad de Mallorca). El treinta y uno de diciembre, después de tres meses, los expedicionarios lograron derribar un paño de la muralla, entrar en la ciudad y saquearla durante ocho días después de haber cogido prisionero al gobernador almohade Abú Yahya.

En 1230, en contra de los deseos de Jaime I de continuar la lucha hasta completar la conquista, los nobles prefirieron repartirse el botín, entre esporádicos motines y saqueos, y marcharse después a sus hogares. También Jaime I regresó a Barcelona, pero después de someter la totalidad de la isla, con la excepción de algunas zonas montañosas, y de otorgar fueros y una carta de franquicia para todos los participantes en la conquista sin distinción de origen.

En aquel año, Mallorca fue constituida como un territorio más de la Corona de Aragón bajo el nombre de “Regnum Maioricarum et insulae adyacentes”.

En febrero de 1231, a propuesta de Sancho VII de Navarra, Jaime I suscribió con él un pacto en Tudela de prohijamiento mutuo para resolver el problema que tenía el navarro de sucesión y de defensa de su reino al ser de avanzada edad, estar enfermo y no tener heredero. En él se estableció que el aragonés defendería Navarra de cualquier ataque, y que si uno de ellos muriera, el otro sería el heredero de ambos reinos. También se estableció que Jaime I y el infante Alfonso eran considerados como un mismo ente jurídico. En aquella reunión Jaime I recibió un préstamo de cien mil sueldos y entregó en prenda los castillos de Ferrera, Ferrellón, Zalatamor, Peña Faxino y Peña Redonda, más los lugares de Ademuz y Castelfabid, en la frontera con los musulmanes.

En el verano de aquel año, Jaime I volvió a Mallorca al ser informado de que los musulmanes no sometidos querían rendirse. Una vez conquistada toda la isla, se dirigió a Menorca para instar a sus habitantes a someterse. Estos, al comprobar que no tendrían ayuda del imperio almohade, decidieron negociar la capitulación que se plasmó en el tratado de Capdepera, por el cual los musulmanes menorquines aceptaron ser un protectorado bajo la soberanía de Jaime I, que supuso la enfeudación de Menorca a la Corona de Aragón.

En septiembre murió Aurembiaix, con lo que el condado de Urgel pasó por testamento a su esposo Pedro de Portugal. Para unificar territorialmente la Corona, Jaime I se reunió con el portugués en Lérida y firmaron un acuerdo por el que, a cambio del condado, el rey entregaba Mallorca en feudo a don Pedro. También, Jaime I le prometió la donación de Ibiza si conseguía conquistarla en el plazo de dos años.

En 1232, en una nueva reunión en Tudela, Jaime I incluyó en el pacto de prohijamiento el reino de Mallorca y la entrega en firme de los castillos hipotecados el año anterior; además, prometió no reivindicar las plazas de Escó, Petilla de Aragón, Peña, Gallur y Trasmoz, entregadas por su padre. El pacto no fue del agrado de una buena parte de la nobleza navarra, ni tampoco lo fue de Castilla, Francia o de la Santa Sede.

En aquel año, Jaime I se reunió en Alcañiz con sus consejeros para preparar la conquista del reino musulmán de Valencia. Uno de ellos, el noble aragonés Blasco de Alagón, por sus conocimientos del territorio, aconsejó al rey iniciar la conquista por Burriana. Meses más tarde, este noble conquistó la estratégica plaza de Morella por iniciativa personal. El rey reclamó su posesión porque no quería tener una plaza tan importante fuera de su obediencia. El caballero aragonés se negó en un principio, pero luego cedió y más tarde la recibió en feudo.

También en aquel año, Jaime I dictó un primer testamento en el que ratificaba como heredero a su único hijo Alfonso, y en su defecto a su primo Ramón Berenguer V de Provenza. Asimismo manifestaba su deseo de ser enterrado en el Monasterio de Poblet.

En julio de 1233, Jaime I, después de dos meses de sitio y de discrepancias con los nobles, conquistó Burriana a la que otorgó los fueros de Zaragoza. La conquista propició que casi todas las plazas situadas al norte de la ciudad fueran capitulando sucesivamente; así sucedió con: Peñíscola, Cervera, Polpis, Alcalatén, Culla, Villafamés, Chivert y Borriol, entre otras.

En 1234, Sancho VII de Navarra murió, y la nobleza navarra, haciendo caso omiso al pacto de prohijamiento y apoyada por Francia y por el papado, se decidió por Teobaldo de Champaña, sobrino del difunto rey. Jaime I no reivindicó el pacto y sólo se limitó a ocupar algunos castillos que anteriormente había cedido, como Gallur, Escó, Zalatamos y Trasmoz, entre otros.

En 1235, con ocasión de la petición a Jaime I por parte de Guillem de Montgrí, arzobispo de Tarragona, de conquistar Ibiza y ponerla en feudo, Pedro de Portugal, que todavía no había hecho intención de conquistarla, y el conde Nuño Sans se ofrecieron para colaborar en la empresa aportando caballeros. Aceptada la petición, los expedicionarios, tras leves enfrentamientos, consiguieron que Ibiza y Formentera capitulasen. Con esta acción, las Baleares se incorporaron a la Corona de Aragón en su totalidad.

También en aquel año, las tropas de Jaime I realizaron una expedición de saqueo por las tierras musulmanas de Sagunto, Amenara, Paterna, Puzol, Manises, Alcácer y Albalat.

En septiembre de aquel año, Jaime I se casó con Violante, hija del rey Andrés II de Hungría. El papa Gregorio IX había intervenido e influido en la elección de la futura reina siguiendo sus intereses de control de los reinos cristianos occidentales.

En junio de 1236, las tropas reales volvieron a realizar otra expedición de saqueo; esa vez contra Alcira, Cullera y Museros. En octubre, se celebraron cortes en Monzón presididas por Jaime I donde se acordó hacer gestiones ante el papa para que dictase las bulas de predicación de una cruzada para el asedio y conquista de la ciudad de Valencia.

En abril de 1237, las tropas se concentraron en Teruel según se había decidido en las cortes, pero la tardanza en la concesión de las bulas (más de cinco meses) hizo casi fracasar la empresa, ya que no hubo tiempo para divulgar las concesiones papales, los nobles eran contrarios a la cruzada y el espíritu religioso brillaba por su ausencia. Aun así, con las pocas tropas que acudieron a la llamada, Jaime I ocupó el castillo del Puig, cerca de Valencia, que había sido destruido y abandonado por los musulmanes. Después de reconstruirlo y dejar una guarnición al mando de su pariente Bernardo Guillem de Entenza, Jaime I regresó a su reino para conseguir avituallamientos y volver a convocar a las tropas para abril del año siguiente en el Puig. Mientras tanto, el régulo de Valencia Zayyan ben Mardanis aprovechó la ausencia de Jaime I para atacar el Puig, pero fue derrotado por su guarnición en la llamada batalla de Enesa.

En 1238, Jaime I volvió al Puig decidido a no alejarse de aquellas tierras hasta conquistar Valencia. Llegada la fecha límite de la concentración de tropas, nuevamente faltaron las mesnadas de numerosos nobles. A pesar de ello, Jaime I inició el sitio de Valencia. Poco después fueron llegando los cruzados del otro lado de los Pirineos y algunos nobles con sus mesnadas. Los intentos de Zayyan ben Mardanis de comprar con castillos y dinero la retirada de las tropas cristianas fracasaron, también fueron rechazadas las galeras que envió el emir de Túnez en apoyo a la ciudad. Frustrados todos los intentos para salvar Valencia, Zayyan inició las conversaciones para la rendición que culminaron con la firma de las capitulaciones en septiembre de aquel año. En uno de sus puntos, se establecieron treguas entre Jaime I y Zayyan por siete años. A continuación, el rey aragonés tomó posesión de Valencia.

En 1239, Jaime I, para resolver el conflicto que plantearon los nobles aragoneses, y en menor medida los catalanes, de considerar los nuevos territorios conquistados como una prolongación de sus respectivos señoríos, dictó una serie de leyes o fueros denominados Costum (Costumbre), que otorgaron la condición de reino a aquellas tierras dentro de la Corona de Aragón con un marco jurídico y legislativo propio.

En 1240 nació en Valencia Pedro, su primer hijo varón de su matrimonio con Violante. Al año siguiente, Jaime I dictó un segundo testamento donde, por imposición de la reina, repartió la Corona despreciando el derecho sucesorio del reino de Aragón que impedía el reparto de las tierras heredadas y dejaba libres de reparto las conquistadas. En dicho testamento donó a su primogénito Alfonso: Aragón, Cataluña, Ribagorza, Pallars-Jussá, Arán y Urgel; y a Pedro: Mallorca, Valencia, Rosellón, Conflent, Cerdaña y Montpellier.

En 1242 se celebró un concilio de Tarragona donde, a instancias de Raimundo de Peñafort, se estructuró el tribunal de la inquisición y se reguló su funcionamiento según un reglamento que constituyó un primer “manual de inquisidores”.

En 1243, terminadas las treguas con Zayyan, Jaime I se dispuso a conquistar todo el territorio. Los preparativos guerreros hicieron que el arráez de Alcira abandonara la ciudad con sus guerreros dejándola en manos del rey aragonés.

A mediados de aquel año nació Jaime, el segundo hijo varón de su matrimonio con Violante. Jaime I volvió a ceder ante su esposa y dictó un tercer testamento muy perjudicial para Alfonso en el que volvía a dividir la Corona: Aragón para su primogénito Alfonso; Cataluña para Pedro; y Mallorca, Valencia, Rosellón, Conflent, Cerdaña y Montpellier para el infante Jaime. El reparto convirtió a Aragón en un reino interior, y con ello la necesidad de marcar una frontera con Cataluña. La fijación de la línea fronteriza fue causa de muchas disputas, ya que en un principio se situó en el río Segre, pero nuevamente Violante intervino y consiguió que Jaime I la situase en el río Cinca. Lérida, que había jurado a Alfonso en 1228 y que utilizaba la moneda aragonesa, quiso seguir fiel al primogénito y no jurar a Pedro, por tanto continuar perteneciendo a Aragón. Jaime I, ante la reclamación de los estamentos catalanes, firmó una declaración que ratificaba la posición de la frontera en el Cinca. La decisión produjo un grave enfrentamiento verbal entre Jaime I y su hijo Alfonso que estuvo a punto de desembocar en una rebelión armada de los partidarios del primogénito, al cometer algunos excesos.

En 1244, muchas plazas cayeron bajo el dominio aragonés, entre ellas Denia que fue conquistada por el noble de origen germánico Pedro Ximénez y Játiva que fue asediada y conquistada por Jaime I. Las nuevas conquistas aragonesas comenzaron a entremezclarse con las de los castellanos en aquellas tierras sin respetar, en muchos casos, los límites de conquista acordados por ambos reinos en los tratados de Tudillén de 1115 y de Cazola de 1179. Para resolver el problema, durante el sitio de Játiva, Jaime I y el futuro Alfonso X de Castilla se reunieron en el castillo de Almizra (actual Campo de Mirra en la provincia de Alicante) para delimitar nuevamente las zonas de conquista de ambos reinos. En el nuevo tratado se estableció la línea Font de la Figuera-Almizra-Biar-Sax-Petrer-Busot-Villajoyosa que separarían las conquistas de Aragón al norte de la línea y las de Castilla al sur. Además, se acordó el futuro matrimonio entre Alfonso de Castilla y Violante de Aragón, hija de Jaime I.

En aquel año, seguramente por una mala gestión, Jaime I recuperó el feudo de Mallorca, que había entregado a Pedro de Portugal en 1231, al permutárselo por castillos y villas en el reino de Valencia. Entre ellos estaban Murviedro, Segorbe y Morella.

También en aquel año, el infante Alfonso de Aragón y al-Azraq, señor de Alcalá y de varios castillos y territorios situados en el antiguo reino taifa de Denia, firmaron el llamado tratado de Pouet. En él se acordaba que el musulmán se hacía vasallo del infante; que entregaba en el acto los castillos de Pop y Tárbena; que mantendría durante tres años, pero repartiendo las rentas, los castillos de Margarida, Churolas, Castiel y Gallinera; y que se quedaba para sí y para su descendencia los castillos de Alcalá y Borbuchen. El incumplimiento de lo pactado provocó que al-Azraq se sublevara provocando una revuelta armada en la que la conquista y perdida de castillos fue una constante.

En febrero de 1245, Jaime I conquistó Biar después de un asedio de unos cuatro meses. Con esta acción, el rey de Aragón había cubierto todo el territorio de conquista que le correspondía según los acuerdos suscritos con Castilla, aunque pasarían varios años hasta conseguir el dominio total y el fin de los enfrentamientos.

En agosto de aquel año murió el conde de Provenza Ramón Berenguer V, primo de Jaime I y antiguo segundo heredero de la Corona de Aragón, dejando como heredera a su hija Beatriz. El rey de Francia Luis IX reclamó el condado por su matrimonio con la primogénita del difunto conde. Jaime I, que había tenido una política de dejación de los intereses de la Corona en los territorios del otro lado de los Pirineos, invadió Provenza ante la posibilidad de casar a la heredera con el infante Alfonso. Pero las tropas francesas se apoderaron de Beatriz.

En 1246, el condado de Provenza pasó a la órbita de Francia cuando Beatriz se casó con el angevino (perteneciente a la casa de Anjou) Carlos, hermano de Luis IX. También se produjo en aquel año el enlace matrimonial entre Violante de Aragón, hija de Jaime I, y el infante Alfonso, hijo de Fernando III de Castilla y León.

En 1247 acabó la primera revuelta mozárabe cuando su caudillo al-Azraq, después de ser derrotado en Cocentaina, se retiró a su castillo de Alcalá.

En enero de 1248, Jaime I dictó un cuarto testamento para dar un reino a su nuevo hijo Fernando, que había nacido en 1245. En él, Aragón, sin Ribagorza que se integraba en Cataluña, quedaba para Alfonso; Cataluña y Mallorca para Pedro; Valencia para Jaime; y el Rosellón, la Cerdaña, Conflent y el señorío de Montpellier para Fernando.

También en enero de aquel año, Jaime I, siguiendo el mandato del papa Inocencio IV, ordenó la expulsión de los musulmanes (seguramente sólo de las ciudades) en el reino de Valencia. La orden provocó una segunda revuelta mudéjar acaudillada por al-Azraq, y como consecuencia de ella, Jaime I expulsó de Játiva y de Onteniente a sus moradores musulmanes, aunque les permitió establecerse en las “morerías”. Para sofocar la revuelta, Jaime I continuó conquistando plazas y castillos al rebelde al-Azraq, aunque en una ocasión el rey estuvo a punto de perder la vida en una emboscada que le tendió al-Azraq en Rugat.

En 1251, las permanentes tensiones con los nobles, los enfrentamientos con su primogénito Alfonso y la muerte del infante Fernando, ocurrida el año anterior, llevaron a Jaime I a dictar un quinto testamento. En él, Alfonso mantuvo Aragón sin Ribagorza; Pedro recibió Cataluña, Ribagorza y los condados pirenaicos; y a Jaime le tocó Valencia, Mallorca y Montpellier.

En aquel año, Jaime I, en contra de los pactos de capitulación de 1233, desposeyó de todos sus bienes a los musulmanes de Peñíscola y de varias plazas para entregarlos a los nuevos pobladores cristianos.

También en aquel año, murió la reina Violante de Hungría, víctima de unas fiebres.

En 1253, Jaime I amplió la herencia de su hijo Alfonso donándole el reino de Valencia y le obligó a aceptar bajo juramento las cláusulas de la herencia de su hermanastro Pedro. Con ello se atemperó, en parte, las desavenencias que tenía con su hijo, aunque perjudicó a Jaime.

En aquel año, murió el rey de Navarra Teobaldo I y fue sucedido por su hijo Teobaldo II, que por su minoría de edad fue tutelado por la regencia de su madre. Ésta pidió protección a Jaime I ante las apetencias anexionadoras de Alfonso X de Castilla y León. El rey aragonés impidió la anexión de Navarra a Castilla, ganándose con ello la enemistad del castellano-leonés, y pactó con la regente que su hijo no se casaría con Leonor, hermana de Alfonso X.

A mediados de 1254, Alfonso X proporcionó apoyo a la rebelión mudéjar que lideraba al-Azraq en tierras valencianas.

También en ese año, después de un periodo de desencuentros, Jaime I y el infante Pedro de Portugal firmaron un nuevo acuerdo por el que el portugués devolvía sus posesiones en el reino de Valencia y recuperaba Mallorca, que conservó hasta su muerte ocurrida dos años más tarde.

En 1255, Jaime I otorgó las plazas de Jérica, Chelva y Sinarcas, en el reino de Valencia, a Teresa Gil de Vidaure, noble de origen navarro con la que hizo un contrato de concubinato y con la que tuvo dos hijos: Jaime, señor de Jérica, y Pedro, señor de Ayerbe. El rey, mientras vivieron juntos durante diez años, la consideró reina.

En 1256, Violante, la reina de Castilla y León, intercedió para que su padre Jaime I y su esposo Alfonso X, se reunieran en Soria y firmaran una paz que pusiera fin a los desencuentros entre los dos reinos. El acuerdo de paz se reforzó con el compromiso de un futuro matrimonio entre Constanza, hija de Jaime I, y el infante Manuel, hermano de Alfonso X.

En mayo de 1258, el rey Luis IX de Francia firmó en Corbeil un inexplicable tratado con Jaime I, con el que culminó su política de anexión, en el actual sur de Francia (Occitania), de los condados y posesiones de la Corona de Aragón que todavía mantenían algún lazo de unión con ella. Por aquel tratado, Jaime I renunció, a favor de Luis IX, a sus derechos sobre los condados de Tolosa, Gavaldá, Millau, Cominges, Carcasona, Narbona, Béziers, Albí, Rasés, Laurengués, Termenés, Minervés, Sault, Quercy, Rouergue, Agde y Nimes, así como a los castillos de Fenollet, Querbús, Perapertusa, Puilloren y Castellfisel. Por su parte, Luis IX renunció a los “supuestos” derechos que tenía como heredero de Carlomagno de todos los condados de la antigua Marca Hispánica creada por el emperador a finales del siglo VIII, incluyendo en la renuncia el condado del Rosellón, la Cerdaña, Conflent, el señorío de Montpellier, el vizcondado de Carlat y la baronía de Omeladés. También se acordó el matrimonio de Isabel, hija de Jaime I, con el futuro Felipe III, hijo de Luis IX.

En el verano de aquel año de 1258, con la rendición de doce castillos, entre los que estaba el de Alcalá, y el destierro de al-Azraq al reino nazarí de Granada, Jaime I acabó con la segunda sublevación mudéjar que había durado casi diez años.

En 1259, algunos nobles catalanes encabezados por el conde de Urgel volvieron a protagonizar una revuelta motivada por supuestos perjuicios ocasionados por las actuaciones del rey. La oferta de acudir a un arbitraje hecha por Jaime I fue respondida por los nobles con la realización de cabalgadas de saqueo por diferentes zonas, como la de Barbastro, que consiguieron la huida de muchas gentes a otras comarcas, pero no la adhesión del resto de la nobleza. Además, los partidarios del infante Alfonso también cometieron atropellos en Aragón.

En 1260, Jaime I fracasó en las negociaciones para resolver la crisis. Ante su incapacidad para mantener la paz, las villas se organizaron en dos hermandades para organizar su propia defensa.

En aquel año, el infante Alfonso murió después de haberse casado ese mismo año con Constanza de Bigorra.

En 1262 se casaron dos hijos de Jaime I; en mayo lo hizo Isabel, que se casó con el futuro Felipe III “el Atrevido”, hijo de Luis IX de Francia; y en junio Pedro se casó con Constanza, hija del rey de Sicilia Manfredo, que era hijo bastardo del emperador Federico II. Con este matrimonio se produjo un cambió en la política europea y mediterránea de la Corona, ya que se ponía en contra del papado y sus partidarios, los güelfos, y a favor de los gibelinos, partidarios del emperador.

En agosto, ante las fuertes discusiones entre sus hijos Pedro y Jaime por el destino de la herencia de su hermanastro Alfonso, fallecido en 1260, Jaime I firmó un sexto y último reparto que supuso la partición definitiva de la Corona. Por él, a Pedro le correspondió Aragón, Valencia y Cataluña; y a Jaime Mallorca, los condados del Rosellón, la Cerdaña y Conflent, y el señorío de Montpellier.

En 1264 se produjo un alzamiento generalizado de mudéjares en al-Andalus, incluyendo Murcia y apoyado por el rey nazarí de Granada. Alfonso X, ante la imposibilidad de atender a todos los frentes, pidió ayuda, por mediación de su esposa Violante de Aragón, a su suegro Jaime I para recuperar Murcia. El rey aragonés aceptó la petición y solicitó la colaboración de los nobles catalanes y aragoneses para acudir en ayuda de Alfonso X, pero estos se negaron porque la intención de Jaime I era entregar Murcia al castellano-leonés cuando la reconquistaran. Ante la negativa, el rey tuvo que convocar cortes en Barcelona y en Zaragoza para recaudar fondos y medios, pero el resultado fue también negativo. Como último recurso, en Calatayud intentó implantar el impuesto de bovatge (bueyes), pero los nobles se opusieron porque consideraron que iba en contra de las leyes de Aragón. La tirantez entre las partes llegó a un enfrentamiento armado de los nobles contra el rey, dirigido por Guillermo Bernardo de Entenza, Ferrís de Lizana y Fernando Sánchez, hijo bastardo del rey. Los nobles fueron derrotados y tuvieron que pedir una tregua, que fue concedida a cambió de dinero para la empresa del rey. Además de con sus fieles, Jaime I partió hacia Murcia acompañado de Blasco de Alagón con todos sus caballeros. En Teruel contó con la ayuda de Gil Sánchez Muñoz que aportó peones, trigo, cebada y vacas. Ya en tierras valencianas, se le unieron gentes de Valencia, Biar y Játiva.

En aquel año, el papa Urbano IV ofreció el trono de Sicilia al angevino Carlos de Anjou, después de que otros príncipes y reyes lo rechazaran. Este hecho iba en contra de los intereses del infante Pedro que estaba casado con la hija de Manfredo.

En 1265, Jaime I abandonó a su concubina Teresa Gil de Vidaure, que había contraído la lepra, e intentó casarse con Berenguela Alfonso, hija de del infante Alfonso de Molina y prima de Alfonso X, pero el papa denegó la separación alegando que, aunque no era un matrimonio consagrado por la Iglesia, el hecho de su vida en común y los hijos habidos era suficiente para negar la ruptura.

En aquel año, las tropas de Jaime I comandadas por el infante Pedro realizaron dos cortas expediciones en tierras de Murcia y, a continuación, el rey realizó otra de mayor envergadura que consiguió la toma de Villena, Elda, Petrel, Elche, Orihuela y Lorca, entre otras plazas.

A finales de enero de 1266, Jaime I logró que la ciudad de Murcia capitulara. Después, como había prometido, entregó el reino reconquistado a Alfonso X. El rey aragonés pretendió continuar la campaña hasta Almería, pero desistió cuando sus hijos le hicieron ver que ya había cumplido su compromiso con creces. Cuando regresó a su reino, la sublevación de los nobles volvió a recrudecerse. Esta vez fue Ferrís de Lizana quien desafió al monarca y éste respondió sitiándolo en su castillo y ahorcando a sus defensores. Fernando Sánchez, que se había reconciliado con su padre, colaboró solapadamente con el rebelde.

En 1269, después de haber recibido el año anterior una embajada de los tártaros que le ofreció ayuda para recuperar el Santo Sepulcro, Jaime I emprendió una expedición a Tierra Santa acompañado por los maestres de las órdenes del Temple y del Hospital y por sus hijos bastardos Fernando Sánchez y Pedro Hernández. Durante el viaje, la flota fue dispersada por un temporal que obligó a Jaime I a refugiarse cerca de Montpellier. Desde allí, volvió por tierra a Barcelona y dio por terminado su sueño de cruzada. Solamente algunas naves que mandaban los hijos del rey llegaron a San Juan de Acre. Sin medios suficientes, Fernando Sánchez emprendió el regresó casi inmediatamente, dejando en San Juan a su hermanastro con una pequeña guarnición. A su paso por Sicilia se entrevistó con el angevino Carlos de Anjou, fue armado caballero y se puso bajo su órbita, con lo que provocó la ira de su hermanastro Pedro que lo acusó de buscar aliados para hacerse con el reino de Aragón.

En 1271, el enfrentamiento armado entre Pedro y Fernando Sánchez motivado por aquella acusación fue aprovechado por la nobleza para volver a levantarse contra el rey y poner al bastardo como símbolo de los excesos de la Corona. Jaime I, para conseguir la paz, convocó una asamblea en Lérida y destituyó a Pedro del cargo de procurador general porque confiaba en la lealtad de Fernando y no creyó la acusación que hacía su hermanastro.

En 1272, Jaime I volvió a ratificarse en su decisión sobre Pedro en otra asamblea, esta vez en Alcira, porque temió el enfrentamiento con los nobles y prefirió claudicar y otorgar honores a algunos de los cabecillas para conseguir la paz. También ratificó con un testamento el reparto de la Corona firmado en 1262.

En 1274, Jaime I asistió como único rey invitado por el papa Gregorio X al concilio de Lyon. En él, además de los asuntos religiosos se discutieron otros de índole político, como el ofrecimiento de otorgar la corona imperial al rey aragonés. Pero al negarse a prestar juramento de fidelidad al papa y a pagar un tributo feudal, le fue denegado el nombramiento.

En aquel año se produjo el fallecimiento del rey de Navarra Enrique I “el Gordo”. Casi inmediatamente, Jaime I envió a los ricoshombres y villas de Navarra un alegato histórico para hacer valer sus derechos al reino y pedir que lo recibiesen como rey, o si lo preferían, lo hicieran con su primogénito Pedro. Al mismo tiempo ordenó a éste que se trasladara a Navarra para tratar de convencer a los nobles proaragoneses de sus aspiraciones.

En 1275 la revuelta nobiliaria se extendió por Cataluña y Aragón. Era una pugna entre el poder del rey y el poder feudal. Los desórdenes y pillajes fueron difíciles de sofocar por la pasividad de las milicias concejiles y la escasez de fieles que le quedaban al rey. En Cataluña numerosos nobles con sus vasallos, a cuyo frente estaban los condes de Cardona, Urgel y Pallars, se confabularon en Solsona. También en Aragón se formó un bando encabezado por Fernando Sánchez y secundado, entre otros, por Urrea, Luna, Cornel y los Lizana, que pronto se unieron a los catalanes. Ante tan grave situación, Jaime I convocó una asamblea en Lérida para intentar un arbitraje, pero los nobles no acudieron. Ante la evidencia de que estos no cederían en su rebelión, Jaime I ordenó a su hijo Pedro el ataque sin piedad a todos sus enemigos, incluido Fernando Sánchez. Pedro, en su ofensiva, logró capturar a su hermanastro y ordenó su muerte por ahogamiento en el Cinca. Los casi derrotados nobles intentaron imponer sus condiciones en una asamblea celebrada en Lérida, pero una nueva ofensiva del infante Pedro terminó con la revuelta.

En 1276, Jaime I se vio obligando a acudir al reino de Valencia para sofocar una nueva rebelión de musulmanes que había comenzado a finales del año anterior provocada por ataques indiscriminados de partidas de almogávares (mercenarios de a pie que en tiempos de paz vivían del bandolerismo). Nuevamente al-Azraq, que había regresó de su destierro, levantó a la población mudéjar y, con la ayuda de tropas del rey nazarí de Granada, conquistó varios castillos. Cuando sitiaba el de Alcoy, encontró la muerte. Con ella, la revuelta perdió casi toda su fuerza, pero todavía pudieron derrotar a Jaime I en Luchente. Un mes más tarde, en julio, el rey aragonés se encontró enfermó y murió en Valencia. El infante Pedro sofocó al poco tiempo la rebelión.

 

Sucesos contemporáneos

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Reyes y gobernantes coetáneos

León: 

Rey de León.

Alfonso IX (1188-1230).

------- 1230.- Unión de León y Castilla.

Reyes de Castilla y León.

Fernando III "el Santo" (1230-1252).
Alfonso X "el Sabio" (1252-1284).

Castilla:

Reyes de Castilla.

Alfonso VIII (1158-1214).
Enrique I (1214-1217).
Berenguela (1217).
Fernando III "el Santo" (1217-1230).

------- 1230.- Unión de León y Castilla.

Navarra:

Reyes de Navarra.

Sancho VII "el Fuerte" (1194-1234).
Teobaldo I "el Trovador" (1234-1253).
Teobaldo II "el Joven" (1253-1270).
Enrique I "el Gordo" (1270-1274).
Juana I (1274-1305).

Condados catalanes
no integrados en la
Corona de Aragón:

Condes de Ampurias.

Hugo IV (1200-1230).
Ponce IV (1230-1269).
Hugo V (1269-1277).

Condes de Urgel.

Aurembiaix (1211-1213).
Guerao de Cabrera (1213-1228).
Aurembiaix (1228-1231).

------- 1231.- Integración en la Corona de Aragón.

Condes de Pallars-Sobirá.

Guillermina (1199-1229).
Roger I (1229-1236).
Roger II (1236-1256).
Arnaldo Roger (1256-1288).

Al-Andalus:

Califas almohades soberanos en al-Andalus.

Abú Abd Allah al-Nasir (1199-1213).
Abú Yaqub al-Mustansir (1213-1224).
Abú Muhammad al-Majlu (1224).
Abú Muhammad al-Adil (1224-1227).
Abú Zakariyya al-Mutasim (1227-1235).
Abú l-Ala Idris al-Mamun (1227-1232).

------- En 1228, la dinastía almohade se desvinculó de al-Andalus.

Terceros reinos de taifas.

Régulo de la taifa de Baeza.

Al-Bayasi "el Baezano" (1224-1226).

------- 1226.- Conquistado por Castilla.

Régulo de la taifa de Valencia.

Abú Zayd (o Zeit Abú Zeit) ben Muhammad ben Abi Hafs (1224-1229). (Gobernador almohade semiindependiente).

Zayyan ben Mardanis (1229-1238).

------- 1238.- Conquistado por Aragón.

Régulo de la taifa de Alcira, Denia y Jativa.

Desconocido (1224-1227).

------- 1227.- ¿Conquistado por Valencia?

Régulos de la taifa de Murcia.

Abú Abd Allah Muhammad ben Yusuf al-Yudami (Ibn Hud) (1228-1238).
Abú Bakr Muhammad ben Muhammad al-Watiq (1238). 7 meses.
Aziz ben Abd al-Malik ben Muhammad ben Jattab (1238-1239). 8 meses.
Zayyan ben Mardanid (1239-1241).
Muhammad ben Muhammad ben Hud Baha al-Dawla (1241-1260/1).

------- 1243.- Reino vasallo de Castilla-León.

------- 1266.- Conquistado por Jaime I y entregado a Castilla.

Régulo de la taifa de Málaga.

Abd Allah ben Zannun (1229-1238).

------- 1238.- Anexionado por Granada.

Régulo de la taifa de Menorca.

Abú Said Utman ben Hakam (1229-1281).

------- Reino vasallo de Aragón desde 1231.

Régulo de la taifa de Arjona.

Muhammad ben Yusuf ben Nasr al-Ahmar (1232-1238).

Reyes del reino nazarí de Granada.

Muhammad I ben Yusuf ben Nasr al-Ahmar (1238-1273).
Muhammad II (1273-1302).

Régulo de la taifa de Niebla.

Suaib ben Muhammad ben Mahfuz (1234-1262).

------- 1253.- Reino vasallo de Castilla-León.

------- 1262.- Conquistado por Castilla-León.

Régulos de la taifa de Lorca.

Abú Abd Allah Muhammad ben Ahli (1240-1244).

------- 1244.- Conquistado por Castilla-León.

Régulos de la taifa de Orihuela.

Abú Yafar ben Isam (1240-124?).
Abú al-Hasam ben Abú Yafar ben Isam (124?-1249/50).

------- Conquistada por Castilla-León en 1249/50).

Portugal:

Reyes de Portugal.

Alfonso II "el Gordo" (1211-1223).
Sancho II (1223-1247).
Alfonso III (1247-1279).

Francia:

Reyes de Francia.
(Dinastía Capeta).

Felipe II "Augusto" (1180-1223).
Luis VIII "el León" (1223-1226).
Luis IX "el Santo" (1226-1270).
Felipe III "el Atrevido" (1270-1285).

Alemania:

Reyes de Germania.
(Dinastía de Hohenstaufen)

Otón IV Welf (1198-1218).
Federico II (1212-1250).
Conrado IV (1250-1254).

------- 1254-1273.- Interregno.

(Dinastía de Habsgurgo)

Rodolfo I (1273-1291).

Emperadores del Sacro Imperio Romano Germánico.

Otón IV Welf (1209-1215).
Federico II (1215-1250).

------- Sin emperador desde 1250.

Reyes de Romanos.

Conrado IV (1250-1254).
Ricardo de Cornualles (1257-1272).
Rodolfo I (1273-1291).

Italia:

Reyes de Italia (Norte).

------- Perteneciente al Sacro Imperio Romano Germánico desde 962.

Dux de la República de Venecia.

Pietro Ziani (1205-1229).
Jacopo Tiepolo (1229-1249).
Marino Morosini (1249-1252).
Reniero Zeno (1252-1268).
Lorenzo Tiepolo (1268-1275).
Jacopo Contarini (1275-1280).

Estados Pontificios (Papas).

Inocencio III (1198-1216).
Honorio III (1216-1227).
Gregorio IX (1227-1241).
Celestino IV (1241).

------- Sede vacante desde 1241 a 1243.

Inocencio IV (1243-1254).
Alejandro IV (1254-1261).
Urbano IV (1261-1264).
Clemente IV (1265-1268).

------- Sede vacante desde 1268 a 1271.

Gregorio X (1271-1276).
Inocencio V (1276). 5 meses.
Adriano V (1276). 39 días. No consagrado.
Juan XXI (1276-1277). (No existe el XX).

Reyes de Sicilia. (Sicilia y Nápoles).
(Dinastía Hohenstaufen).

Federico I (1197-1250). Emperador del Sacro Imperio como Federico II.
Conrado I (1250-1254).
Conrado II o Conradino (1254-1258).
Manfredo (1258-1266).

(Dinastía Angevina).

Carlos I de Anjou (1266-1285).

Britania:

Escocia:

Reyes de Escocia.

William I (1165-1214).
Alejandro II (1214-1249).
Alejandro III (1249-1286).

Inglaterra:

Reyes de Inglaterra.

Juan "Sin Tierra" (1199-1216).
Enrique III (1216-1272).
Eduardo I (1272-1307).

Gales:

Reyes de Gwynedd, Powys y Deheubarth.

Llywelyn Iorweth "el Grande" (1195-1240).
Dafydd II (1240-1246).
Llywelyn "el Último" (1246-1282).

División del
Imperio bizantino. (Bizancio):

Imperio de Nicea.
Emperadores.
(Dinastía Lascaris)

Teodoro I (1205-1222).
Juan III (1222-1254).
Teodoro II (1254-1258).
Juan IV (1258-1261 ) y Miguel VIII (1259-1261).

------- Restauración del imperio bizantino en 1261.

Imperio Latino de Constantinopla.
Emperadores.

Enrique I (1205-1216).
Pedro de Courtenay (1216-1217).
Yolanda de Namur (1217-1219).

------ Interregno (1219-1221)

Roberto de Courtenay (1221-1228).
Balduino II (1228-1261).

------- Conquistado por el imperio de Nicea en 1261.

Imperio de Trebisonda.
Emperadores.

Alejo I (1204-1222).
Andrónico I (1222-1235).
Juan I (1235-1238).
Manuel I (1238-1263).
Andrónico II (1263-1266).
Jorge (1266-1280).

Despotado de Épiro.
Déspotas.
(Dinastía Comneno)

Miguel I (1205-1215).
Teodoro (1215-1230).
Manuel (1230-1231).
Miguel II (1231-1268).
Nicéforo I (1268-1289).

Imperio Bizantino.
Emperadores.
(Dinastía Paleóloga)

Miguel VIII (1261-1282) y Andrónico II (1272-1282).

Imperios y sultanatos musulmanes: Califato árabe abbasí:

Califas abbasíes. (Bagdad).

Al-Nasir (1180-1225).
Muhammad al-Zahir (1225-1226).
Mansur al-Mustansir (1226-1242).
Abú Ahmad al-Mustasim (1242-1258).

------ 1258.- Saqueo de Bagdad por los mongoles.

Califas abbasíes. (Dentro del sultanato mameluco de El Cairo).

Al- Mustansir II (1261-1262).
Al-Hakim I (1262-1302).

Califato almohade:

Califas almohades. (Marrakech).

Abú Yaqub al-Mustansir (1213-1224).
Abú Muhammad al-Majlu (1224).
Abú Muhammad al-Adil (1224-1227).
Abú Zakariyya al-Mutasim (1227-1235).
Abú l-Ala Idris al-Mamun (1227-1232).
Abd al-Wahid al-Rasid (1232-1242).
Abú al-Hasan Alí al-Said (1242-1248).
Abú Hafs Umar al-Murtada (1248-1266).
Abú al-Ula Idris Abú Dabbus al-Watiq (1266-1269).

------ 1269.- Fin del Imperio almohade a manos de los Benimerines.

Sultanato benimerí o meriní:

Sultán.

Abú Yusuf Yaqub (1269-1286).

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