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Jaime II "el Justo"
Rey de la Corona de Aragón (1267<1291-1327>1327)
Rey de Sicilia (<1285-1295>)

Genealogía


Su reinado

Jaime II nació en Valencia en abril de 1267. Era el segundo hijo del rey de la Corona de Aragón y del reino de Sicilia Pedro III “el Grande” y de Constanza, hija de Manfredo Hohenstaufen, rey de Sicilia desde 1258 a 1266.

En 1282, su padre conquistó Sicilia y se proclamó rey después de expulsar al angevino (perteneciente a la casa de Anjou) Carlos I, que era rey de Sicilia por donación del papa Urbano IV (enemigo de los Hohenstaufen). Por ello, el papa Martín IV (francés) le excomulgó y, en marzo del año siguiente, le desposeyó de todos sus reinos.

En abril de aquel año, llamados por Pedro III, llegaron a Sicilia Constanza y sus hijos Jaime, Federico (o Fadrique) y Violante. A los pocos días, ante el parlamento siciliano reunido en Mesina, el rey aragonés proclamó heredero de Sicilia al infante Jaime y en su defecto a Fadrique, para hacer constar que Sicilia no sería incorporada a la Corona de Aragón. A continuación, ante su inminente partida hacia Burdeos, Pedro III nombró a Jaime lugarteniente en Sicilia.

En junio de 1284, una flota comandaba por Carlos, príncipe de Salerno e hijo de Carlos I de Anjou, fue derrotada en el golfo de Nápoles por la de Roger de Lauria. El príncipe fue apresado y llevado a Sicilia donde el parlamento decidió decapitarlo, pero la mediación de Constanza impidió la ejecución. A continuación, el príncipe de Salerno, después de renunciar a Sicilia a favor del infante Jaime, fue llevado prisionero a Barcelona.

En enero de 1285 murió el angevino Carlos I de Anjou. Su hijo Carlos II “el Cojo”, príncipe de Salerno, fue declarado su sucesor con el reconocimiento de Francia y el papado.

En noviembre murió Pedro III. En su testamento dejaba a Jaime el reino de Sicilia y a su primogénito Alfonso la Corona de Aragón. Además establecía que, en caso de muerte de Alfonso sin descendencia, sería Jaime el nuevo rey de la Corona dejando el reino de Sicilia a su hermano Federico (o Fadrique).

En febrero de 1286, Jaime fue proclamado en Palermo rey de Sicilia. A continuación, envió embajadores al papa para ofrecerle su obediencia. Como respuesta, el papa Honorio IV exigió que se volviera a la situación anterior a la revuelta de las Vísperas sicilianas y se entregara Sicilia al príncipe de Salerno. Al no cumplirse la exigencia, el papa, siguiendo la política de su antecesor, no reconoció a Jaime I de Sicilia y lo excomulgó junto con los obispos que habían oficiado la coronación. Mientras tanto, Jaime I recibió en Mesina una flota que transportaba un contingente de almogávares enviada por su hermano Alfonso III, nuevo rey de la Corona de Aragón, en concepto de ayuda. La flota, comandada por el almirante Roger de Lauria, llegó después de haber realizado una exitosa travesía en victorias y en botín por el norte de África, Creta, oeste de la actual Grecia y sur de la actual Italia. Poco después Alfonso III reclamó la presencia de la flota para utilizarla en su proyectada conquista de Menorca.

En junio de 1287, partidarios de Carlos II con tropas francesas y del papa, desembarcaron en la costa de Sicilia y saquearon y quemaron la ciudad de Augusta. Jaime I marchó contra ellos y los derrotó utilizando caballeros, almogávares y la flota de Roger de Lauria, que había regresado después de participar en la conquista de Menorca.

En octubre de 1288, Alfonso III volvió a entrevistarse con Eduardo I de Inglaterra en Canfranc (ya lo habían hecho el año anterior en Olorón) y con dos legados enviados por el papa para firmar una tregua por tres años con Francia y la Santa Sede, para lograr en ese plazo una paz duradera con Aragón y Sicilia. Para firmar el acuerdo se tuvo que liberar al príncipe de Salerno, pero con la condición de que volvería a ponerse en manos de Alfonso III si no se conseguía la tregua.

En 1289, Jaime I, a pesar de lo tratado en Canfranc, se dispuso a conquistar Nápoles y Gaeta reuniendo una flota de ochenta galeras, una caballería pesada de mil jinetes y treinta mil almogávares. Ante estos preparativos, los magnates partidarios de Carlos II, el papa y Roberto de Artois, tío abuelo de Carlos II y regente mientras estuvo en prisión, decidieron reforzar con un gran número de tropas las ciudades de Salerno y Nápoles al considerarlas objetivos de Jaime I. Éste, con aquel ejército, subió por la costa y atacó Salerno sin poder conquistarla por su fuerte defensa, pero sí pudo con sus almogávares saquear y destrozar los alrededores. Luego llegó a Nápoles donde sólo pudo tomar todas las naves que estaban en el puerto porque también estaba fuertemente defendida. Finalmente llegó a Gaeta, arrasó los alrededores e inició un cercó por tierra y mar ante la imposibilidad de tomar la ciudad, que había sido reforzada dos días antes de su llegada con numerosos caballeros partidarios de Carlos II.

Mientras tanto, después de haber conseguido la libertad y haber dejado en rehén a tres de sus hijos, Carlos II pidió y consiguió que Felipe IV de Francia le cediera tropas y dinero para levantar el sitio de Gaeta. Después, en mayo, fue a Roma donde el papa Nicolás IV le coronó rey de Sicilia (incluido Nápoles), le absolvió de cumplir lo pactado en Canfranc y le dio toda la ayuda que pidió. Todo ello a cambio de reconocer su vasallaje al pontífice. A continuación, con esas fuerzas se dirigió a Gaeta con su hijo mayor Carlos Martel y cercó a Jaime I, que a su vez cercaba Gaeta. Durante un tiempo se produjeron ataques entre unos y otros, hasta que Carlos II consideró que no podía ganar, por lo que pidió una tregua a Jaime I aduciendo que realizaba el sitio contra su conciencia, ya que había prometido a Alfonso III, para ser liberado, que haría todo lo posible para conseguir la paz. Jaime I aceptó y ambos, después de firmar una tregua por dos años, levantaron los sitios marchando Jaime a Sicilia y Carlos II a Nápoles.

En 1290, Eduardo de Inglaterra, a petición de Alfonso III, presionó a Carlos II para que cumpliese los acuerdos. Pero Carlos II de Salerno, imitando la acción de Pedro III de Aragón en Burdeos, se presentó en un lugar de la frontera de Cataluña vigilado por las tropas de Jaime II de Mallorca y proclamó que había cumplido como caballero al pisar de nuevo tierra catalana. Alfonso III no aceptó la falsa entrega, pero sus enemigos dieron por cumplido el tratado de Canfranc. Alfonso III, que estaba dispuesto a conseguir una paz honrosa optó por mostrar su fuerza para conseguirla. Solicitó a las cortes la reunión de los ejércitos, pidió la colaboración de la flota de Roger de Lauria, preparó una flota en Valencia e intentó aliarse con Génova, Pisa y Granada. Ante esta actitud belicosa, sus enemigos consideraron conveniente seguir negociando. El papa propuso que Alfonso III y Carlos de Salerno se entrevistasen para solventar sus diferencias. Así lo hicieron en abril en las localidades de La Junquera y Le Pertús, con la asistencia de Jaime II de Mallorca. Durante la entrevista, Alfonso III se negó a devolver la isla de Mallorca, pero terminaron firmando una tregua hasta noviembre, que serviría para dar tiempo a preparar una paz definitiva.

En febrero de 1291, tras largas negociaciones, se firmó en Tarascón (Provenza) un acuerdo de paz entre el papa, Felipe IV, su hermano Carlos de Valois y Alfonso III. Por él se anulaban la excomunión y el entredicho de los reinos de Alfonso III, y se revocaba de la donación de la Corona de Aragón a Carlos de Valois. En contraprestación, y entre otras cuestiones, Alfonso III se obligaba a no prestar ayuda a su hermano Jaime I, a repatriar a sus tropas que servían en Sicilia y a instar a su madre Constanza y a su hermano Jaime a que renunciaran al reino de Sicilia. En abril se reunieron en Panisars (Gerona) Alfonso III y Carlos de Salerno para ratificar la paz. Pero Alfonso III no tuvo tiempo para cumplir sus compromisos porque murió en junio de aquel año.

En agosto, tras recibir la noticia de la muerte de su hermano Alfonso III, Jaime dejó en Sicilia a su hermano Federico, no como rey como estipulaba el testamento de su padre, sino como lugarteniente, y se trasladó a la Península para recibir la Corona de Aragón. Al llegar a Barcelona pidió ser reconocido como rey, firmó los usatges (usos y costumbres muy favorables a la nobleza que formaban parte del derecho común) y marchó a Zaragoza. Allí, en septiembre, se reunieron las cortes y, tras confirmar los privilegios de Zaragoza y el Privilegio General, recibió el juramento de fidelidad. A continuación el nuevo rey Jaime II pidió la devolución de los castillos entregados por su hermano a la Unión aragonesa.

Poco después de su coronación, Jaime II decidió cambiar la política de enemistad con Castilla que había mantenido Alfonso III. Primeramente suspendió las hostilidades en la frontera y a continuación, en noviembre, se reunió con Sancho IV de Castilla y León en Monteagudo, en la frontera entre los dos reinos. Allí firmaron un tratado de alianza, en el que se establecía, entre otros asuntos, que se ayudarían en caso de guerra con Francia y que no se liberaría a los tres hijos del príncipe de Salerno que estaban presos en Aragón. También, además de comprometer Jaime II su cooperación en la guerra que mantenía Sancho IV contra los benimerines, decidieron repartirse la futura conquista de las costas del norte de África: Bugía, Tremecén y Túnez para Aragón y el actual Marruecos para Castilla. Para ratificar el tratado se estableció el compromiso matrimonial de Jaime II con Isabel, de ocho años de edad, hija de Sancho IV. Jaime II dio en arras a su prometida las ciudades de Huesca y Gerona, y las rentas y jurisdicción de Calatayud, Morella y Cervera. Sancho IV entregó como dote las rentas y derechos de Guadalajara, Hita y Aellón.

A finales de aquel año de 1291, Jaime II, con el fin de mejorar la defensa de Sicilia, envió a sus embajadores a Génova para firmar una alianza con las familias Spínola, Doria y Grimaldi, que ostentaban el poder en aquella república.

En 1292, Jaime II reanudó las hostilidades contra Carlos II cosechando triunfos en Calabria, con Blasco de Alagón, y en el mar con la flota de Roger de Lauria. Más tarde, en septiembre, la misma flota participó, ayudando a la castellana, en la rendición de la plaza de Tarifa que estaba en poder de los benimerines.

En enero de 1293, Jaime II se entrevistó con Sancho IV en Guadalajara para tratar del pleito que el aragonés tenía con Francia y Roma sobre Sicilia. El castellano-leonés, que actuaba como intermediario, intentó que Jaime II cediera Sicilia, como pretendía Felipe IV, pero el aragonés no se dejó convencer y propuso que su hermano Federico continuara en Sicilia y se casara con Blanca, hija de Carlos II, mientras que Apulia y Calabria fueran la dote de su hermana Violante en su matrimonio con Felipe, uno de los hijos de Carlos II. Este plan fue rechazado por Felipe IV y Carlos II cuando les fue presentado por Sancho IV, y las negociaciones fueron pospuestas hasta una nueva reunión.

En julio, Jaime II y Sancho IV se volvieron a reunir, esta vez en Logroño, para seguir negociando una solución al pleito de Sicilia. Estaba previsto que también acudiera Carlos II, pero éste se quedó en la cercana Viana (Navarra) y acudía todos los días a la frontera para reunirse con Sancho IV. Tampoco en aquella ocasión se resolvió el problema, ya que las posturas se enconaron y las relaciones entre Aragón y Castilla se enfriaron. Además, a espaldas de Sancho IV, se fue forjando un acercamiento de intereses entre Jaime II, que deseaba una paz definitiva a costa de Sicilia, y Carlos II. En diciembre el acercamiento se puso de manifiesto con la entrevista de ambos en La Junquera para seguir negociando por separado, y donde, seguramente, se decidió el compromiso matrimonial entre Jaime II y Blanca, hija de Carlos II.

En 1294, la guerra entre Inglaterra y Francia por la confiscación del ducado de Aquitania por Felipe IV produjo un cambio en las alianzas de Aragón con ambos reinos. Jaime II se decidió por Francia y propuso a Felipe IV el siguiente acuerdo que éste aceptó: se casaría con Blanca, hermana del rey francés; Aragón no apoyaría a Inglaterra ni Francia a Castilla; aceptaría la devolución de Mallorca a su tío y cedería Sicilia después del matrimonio entre su hermano Federico y Blanca, hija de Carlos II, que recibirían el reino de Cerdeña.

En el verano de aquel año, los benimerines y granadinos sitiaron la plaza de Tarifa para intentar reconquistarla. Jaime II envió su flota, al mando de Fernán Pérez, para, en unión con la castellana, contribuir a la derrota de los musulmanes.

En abril de 1295 murió Sancho IV dejando como heredero a su hijo Fernando IV, un niño de casi diez años de edad bajo la regencia de su madre la reina María de Molina, y a Castilla al borde de la guerra civil.

En junio, el papa Bonifacio VIII, que había rechazado el acuerdo entre Francia y Aragón, consiguió, tras nuevas negociaciones, la llamada paz de Anagni. Por ella, Jaime II se comprometía a: repudiar a Isabel de Castilla y casarse con Blanca de Anjou, hija de Carlos II; devolver a la Santa Sede el reino de Sicilia; reconocer los derechos de Carlos II en la isla y en Calabria; devolver a Carlos II los rehenes que tenía en su poder; y presionar a su hermano Federico, o luchar contra él, para que aceptara las condiciones del tratado. Por su parte, Carlos II cedería su condado de Anjou a Carlos de Valois para que éste renunciara a sus derechos al reino de Aragón, y el papa levantaría la excomunión y el entredicho que pesaban sobre Jaime II y su hermano Federico. También Jaime II aceptaba el arbitraje del papa para la devolución de Mallorca a su tío Jaime II de Mallorca. Además, en una cláusula secreta, el papa, en compensación por la entrega de Sicilia, cedía al aragonés Córcega y Cerdeña que estaban bajo la influencia de Pisa.

Para cumplir lo acordado, Jaime II envió mensajeros a Sicilia y Calabria ordenando que sus vasallos salieran de aquellos territorios y abandonaran castillos y propiedades; puso en libertad a los hijos de Carlos II, que tenía en rehenes, y en noviembre contrajo matrimonio con Blanca de Anjou en el monasterio gerundense de Vilabertrán, después de haber llevado a Isabel de Castilla a Daroca para que su madre la reina María de Molina la recogiera.

En marzo de 1296, los sicilianos, que no querían volver a ser gobernados por la dinastía angevina de Carlos II, rechazaron los pactos de Anagni y proclamaron rey de Sicilia a Federico, hermano de Jaime II. La guerra volvió a reanudarse y el nuevo rey Federico III (que aunque le correspondía el ordinal II, él mismo escogió titularse III) consiguió los primeros triunfos al apoderarse de Catanzaro y Squillace en Calabria, pero su suerte cambió cuando Roger de Lauria, que lo había apoyado, lo abandonó y volvió con Jaime II. También su madre Constanza marchó a Roma y luego a Aragón.

Mientras tanto, Jaime II, que ya había decidido romper el tratado de Almizra de 1244 con Castilla sobre delimitación de zonas de conquista, aprovechó la crisis de ese reino y envió mensajeros para desafiar al nuevo rey Fernando IV en su nombre y en los de Felipe IV, Carlos II, Dionisio de Portugal, Muhammad II de Granada, con el que el aragonés había firmado un tratado de paz en mayo, y de Alfonso de la Cerda. El desafío se materializó con la entrada de un fuerte ejército en Castilla desde Aragón bajo el mando del infante Pedro, hermano de Jaime II, al que acompañaba Alfonso de la Cerda que fue declarado rey de Castilla en Sahagún. En su avance, el infante llegó a la ciudad de León a la que puso sitió. Por su parte, Jaime II, con la garantía de que Muhammad II no intervendría, inició en abril el ataque al reino de Murcia, perteneciente a Castilla, que le había sido prometido por Alfonso de la Cerda en pago por su apoyo en la consecución del reino de Castilla. Empezó con la conquista de Alicante, después asedió y conquistó Elche; a continuación cayeron Elda, Novelda, Aspe, Petrer, Crevillente, Callosa, Guardamar, Orihuela, Muntagut, Murcia y Cartagena. Terminada en agosto la primera fase de la campaña, donde Castilla solamente conservó Alcalá, Lorca y Mula, Jaime II volvió a Valencia. Allí fue informado de la muerte de su hermano Pedro por causa de la peste. Por ello, y porque ésta se había extendido en el ejército, el sitio fue levantado y las tropas aragonesas regresaron a Aragón.

En 1297, mientras los partidarios sicilianos de Federico III continuaban la guerra, Jaime II acudió a Roma llamado por el papa Bonifacio VIII para recibir la prometida investidura de Córcega y Cerdeña (después tendría que conquistarlas), celebrar las bodas de su hermana Violante con Roberto, duque de Calabria, hijo de Carlos II, y ser nombrado gonfalonero (portaestandarte) de las tropas del papa para luchar contra su hermano Federico III.

En 1298, Jaime II, cumpliendo lo pactado con el papa Bonifacio VIII en el tratado de Anagni, devolvió a su tío Jaime II de Mallorca la totalidad del archipiélago balear, pero manteniendo el vasallaje sobre aquel reino, incluido los territorios pirenaicos. Poco después, la flota aragonesa, junto con la angevina de Carlos II, puso sitio a Siracusa durante cuatro meses, pero no pudieron conquistarla. En los enfrentamientos, Juan de Lauria, sobrino del almirante Roger de Lauria, fue hecho prisionero y degollado por orden de Federico III.

A mediados de 1299, Roger de Lauria logró una gran victoria en el cabo Orlando (costa norte de Sicilia), donde Federico III estuvo a punto de caer prisionero. Jaime II, que no deseaba una derrota completa de su hermano, abandonó la campaña, con gran malestar de sus aliados, y volvió a su reino con la excusa de que su participación ya no era necesaria. La guerra continuó con victorias alternativas; como la que obtuvo Federico III en diciembre de aquel año sobre la flota angevina en la batalla de la Falconara, cuando capturó al príncipe Felipe de Tarento, hijo de Carlos II, o la de Roger de Lauria en el verano de 1300 al capturar al almirante genovés Doria al servicio de Federico III.

En el otoño de ese año, ante el rebrote de los conflictos que provocaron los integrantes de la Unión, Jaime II tuvo que trasladarse a Zaragoza para defenderla de sus incursiones. Los rebeldes fueron derrotados y apresados, y el justicia de Aragón, a petición de las cortes, dictaminó que fueran entregados al rey. Éste respetó sus vidas, pero los desterró y requisó sus bienes.

En las cortes que se celebraron aquel año en Zaragoza, se leyó la sentencia de una comisión de juristas, encargada por Jaime II, que dictaminó que, en contra del reparto hecho por Jaime I “el Conquistador” en 1243, Ribagorza, Sobrarbe y La Litera debían volver a Aragón, y por tanto, la frontera con Cataluña debía situarse en el río Segre. El respeto de Jaime II a las leyes de sus reinos fue lo que, seguramente, le valió el sobrenombre de “el Justo”.

A finales de aquel año, Jaime II realizó una segunda campaña contra el reino de Murcia. Comenzó con el sitio de Lorca.

A principios de 1301, Jaime II conquistó Lorca y sitió Alcalá y Mula, pero tuvo que retirarse hacia Murcia, sin conquistarlas, ante la ofensiva de las tropas castellanas.

En aquel año, Jaime II renovó en Zaragoza el tratado de paz que había firmado cinco años antes con Muhammad II de Granada. En él, se reconoció el derecho del nazarí sobre Tarifa, Medina Sidonia, Alcalá de los Gazules y Vejer. Derechos que también aceptó Alfonso de la Cerda.

En agosto de 1302, Carlos de Valois, a petición del papa Bonifacio VIII y financiado por él, realizó una expedición contra Sicilia que fracasó cuando su ejército fue diezmado por una epidemia. Ello les obligó a terminar la guerra firmando un tratado de paz en Caltabellota en el que se reconocía a Federico III como rey de Sicilia, aunque se utilizó el eufemismo de rey de Trinacria (antiguo nombre griego de Sicilia por su forma triangular) porque el título de rey de Sicilia pertenecía al rey de Nápoles, y se acordaba el matrimonio entre Federico III y Leonor, hija de Carlos II.

La firma de la paz en Sicilia dejó inactivos a los mercenarios almogávares que habían sostenido aquella guerra y que ya no eran necesarios para Federico III; además, suponían una fuente de conflictos para la estabilidad de aquel reino. La solución del problema vino de una propuesta al emperador bizantino Andrónico II por parte de Roger de Flor, antiguo templario de padre alemán y madre italiana que había participado en la defensa de San Juan de Acre en Tierra Santa y luego, con sus barcos corsarios, había servido a Federico III, contra los angevinos. La propuesta consistió en proporcionar ayuda militar al emperador para luchar contra los turcos, que se habían apoderado de parte de su imperio en Anatolia (Asia Menor), a cambio de una cuantiosa soldada a sus hombres, al compromiso de su matrimonio con María, sobrina del emperador, y a su nombramiento de megaduque (jefe de la flota imperial). (Otros historiadores afirman que la propuesta fue iniciativa del emperador). Cuando Andrónico II aceptó, Roger de Flor, con la ayuda de los ricoshombres Berenguer de Entenza, Ferrán Eiximenis de Arenós, Corbarán Lehet, Ferrán de Aunés y Bernardo (llamado Berenguer en otros textos) de Rocafort, entre otros, reunió un ejército, llamado después la “Gran Compañía Catalana”, compuesto de mil quinientos caballeros, cuatro mil almogávares y mil peones, a los que acompañaban sus mujeres e hijos. En el verano de aquel año salió la Compañía de Mesina con rumbo al imperio bizantino a bordo de treinta y nueve naves y numerosas embarcaciones de menor tamaño.

(Muchos historiadores advierten que, a pesar de que los estandartes de la Compañía eran los de Jaime II y Federico III, sus posteriores acciones guerreras y políticas en el imperio contra turcos y genoveses no fueron una empresa auspiciada por la Corona de Aragón. En desacuerdo está el historiador Finke que en su “Acta Aragonensia” afirma que Berenguer de Entenza fue el vínculo entre Jaime II y la Compañía para llevar a cabo su política en el imperio).

En septiembre llegó la Compañía a Constantinopla, y poco después, en el mismo día de la boda concertada de Roger de Flor, estalló un altercado entre almogávares y genoveses. Estos eran huéspedes incómodos de Andrónico II que se habían apoderado de todo el comercio del imperio y se presentaban como la avanzada del ejército de Carlos de Valois, aspirante al trono bizantino por su matrimonio con la emperatriz titular de Constantinopla Catalina de Courtenay. La derrota de los genoveses y la muerte de su jefe fueron recibidas con satisfacción por Andrónico II. En octubre, los almogávares, por indicación del emperador, pasaron al Asia Menor e infringieron una derrota a los turcos que se encontraban en la península de Artaki, en el mar de Mármara; lugar donde estos habían derrotado anteriormente en dos ocasiones a Miguel IX, hijo y colega del emperador. Después de la victoria, los almogávares, mientras invernaban en aquella península, se dedicaron al saqueo y a cometer toda clase de violencias que provocaron el odio de los griegos y el abandono de la Compañía, porque Roger de Flor consintió los desmanes, de Ferrán Eiximenis de Arenós, que ofreció sus servicios al duque franco de Atenas.

En febrero de 1303, el nuevo rey de Granada Muhammad III aceptó firmar una tregua de un año que le ofreció Jaime II, porque temió un acercamiento entre Castilla y Granada a pesar de encontrarse en guerra ambos reinos.

En abril, después de la llegada del valenciano Bernardo de Rocafort con refuerzos, Roger de Flor entró en la región bizantina de Anatolia en el Asia Menor con un ejército de almogávares, alanos y bizantinos. En Germe, plaza tomada por los turcos, la llegada de aquel ejército produjo la huía de estos y la masacre de su retaguardia cuando se retiraban. Después continuaron hasta Aulax donde los turcos, que los esperaban después de haber levantado el sitio de Filadelfia, fueron derrotados y esa ciudad liberada. Los éxitos de la Compañía continuaron con la toma de Nif, Ninfi, Nissa y Magnesia, a pocos kilómetros de la isla de Quios, desde donde la flota de la Compañía, capitaneada por Ferrán de Aunés, atacaba con éxito las islas turcas del mar Egeo. Los éxitos de Roger de Flor provocaron la envidia y temor de algunos magnates bizantinos, que comenzaron a intrigar contra los almogávares. Entre aquellos se encontraban el colega Miguel IX y el gran heteriarca (alto mandatario del imperio), que consiguieron socavar las relaciones entre el Andrónico II y Roger de Flor.

En aquella primavera se dio en Játiva el primer paso para restablecer la paz con Castilla al concertar Jaime II el matrimonio de su hija Constanza, niña de tres años, con el infante don Juan Manuel, autor de la obra literaria “El conde Lucanor” y sobrino de Alfonso X “el Sabio”. Para llegar a un acuerdo, se recurrió al arbitraje de Dionisio de Portugal, del infante Juan de Castilla y del obispo de Zaragoza Jimeno de Luna.

En la primavera de 1304, Roger de Flor derrotó a los turcos en la ciudad de Tira cuando estos la estaban sitiando. En la persecución de los derrotados, perdió la vida el senescal navarro Corbarán Lehet.

En agosto de aquel año, en Torrellas (Zaragoza), una comisión arbitral formada por Dionisio I, el infante Juan y el arzobispo de Zaragoza Jimeno de Luna dictó sentencia para conseguir la paz entre Castilla y Aragón. El acuerdo de Torrellas, también llamado de Campillo o de Ágreda, fue aceptado por ambas partes y por Muhammad III de Granada. En él se dispuso que el reino de Murcia, en poder de Jaime II, se repartiese entre Castilla y Aragón sirviendo como frontera meridional de Aragón el curso del río Segura. Continuarían en poder de Aragón Alicante, Cartagena, Elche, Orihuela, Monforte, Elda, Abanilla, Petrel, Crevillente y Sax; y en poder de Castilla quedaría el resto del reino de Murcia incluyendo Murcia, Monteagudo, Alhama, Lorca y Molina de Segura. Además, se otorgaba a Alfonso de la Cerda las villas y señoríos de Alba, Béjar, Valdecorneja, Monzón de Campos, Gastón, Ferrín, Moliellas, Gibraleón, la Algaba, Lemos y el Real de Manzanares (situadas de forma dispersa en el reino castellano-leonés para evitar la formación de un pequeño reino), a cambio de su renuncia al trono de Castilla y León y a la entrega de Almazán, Soria, Serón, Deza y Almenara. El señorío de Villena, a pesar de que quedaba en tierras aragonesas, seguiría en poder de Juan Manuel.

También en agosto, los almogávares derrotaron ampliamente a los turcos en los montes Tauro, al sur de Anatolia, haciéndolos huir hacia Armenia. Después de haber conquistado casi toda Anatolia, Roger de Flor se dirigió a la costa del Egeo para pasar el invierno. Al llegar fue informado de la traición del gobernador bizantino de Magnesia, que con la ayuda de los alanos, había asesinado a la guarnición de la Compañía y robado sus tesoros. Roger de Flor puso sitio a la ciudad, pero tuvo que levantarlo para acudir a la llamada de auxilio del emperador que le pedía defender las provincias del imperio atacadas por el nuevo rey de Bulgaria. Se encaminó al estrecho de los Dardanelos, lo atravesó y concentró sus tropas en Gallipoli, para posteriormente acudir a Constantinopla. Según el emperador, la cercana presencia de los almogávares hizo desistir a los búlgaros de sus ataques.

Antes de terminar el verano, Muhammad III de Granada, que preveía un ataque de castellanos y aragoneses, guerreó contra Aragón, a pesar de la tregua, atacando e incendiando Crevillente, posesión del almirante Roger de Lauria.

En octubre, llegó a Gallipoli el catalán Berenguer de Entenza con trescientos caballeros y mil almogávares. La llegada aumentó las suspicacias del heredero Miguel IX, que vio cómo se incrementaba el poder de Roger de Flor en el imperio. Pero la alarma llegó al máximo cuando éste, que aspiraba a un reino en Anatolia, forzó a Andrónico II a concederle el título de césar y a transferir el de megaduque a Berenguer de Entenza.

En aquel año, Bonifacio VIII, siguiendo la cláusula secreta de la paz de Anagni, envió legados a las islas de Córcega y Cerdeña para que se reconociese la soberanía de Jaime II, pero, por diversas causas, el rey aragonés pospuso la conquista de las islas.

En enero de 1305, el almirante Roger de Lauria, ya retirado, murió en su condado de Cocentaina (Alicante) y fue enterrado en el monasterio de Santes Creus (Tarragona) al pie del sepulcro de Pedro III “el Grande”.

En febrero, Jaime II y Fernando IV comenzaron a negociar en el monasterio de Santa María de Huerta (Soria) la cesión de Cartagena a Castilla a cambio de que don Juan Manuel renunciara a los señoríos de Elche en favor de Aragón y de Hellín en favor de Castilla, recibiendo de Fernando IV, en compensación, el señorío de Alarcón (Cuenca y Albacete). Las negociaciones terminaron cuando los delegados de ambos reyes firmaron en mayo el acuerdo en Elche que fijó definitivamente la frontera entre los reinos de Valencia y Murcia.

En abril de aquel año, Roger de Flor, trescientos caballeros y mil almogávares fueron asesinados en Adrianópolis (en la actual Turquía europea) por los alanos del ejército bizantino durante un banquete ofrecido por Miguel IX. El resto de los almogávares, al mando de Berenguer de Entenza, se refugió en Gallipoli donde se hicieron fuertes. En mayo, después de escribir al dux de Venecia comunicándole que estaba en guerra contra Andrónico II por traición, Berenguer de Entenza atacó con sus naves la ciudad de Heraclea, cerca de Constantinopla, y envió embajadores al emperador para retarlo. Andrónico II afirmó que no era responsable de la matanza de Adrianópolis, pero los embajadores fueron descuartizados en Rodosto. Además, Ferrán de Aunés y sus hombres fueron asesinados en Constantinopla. Por ello, Berenguer de Entenza atacó a sangre y fuego las costas del mar de Mármara y derrotó, cerca de Constantinopla, a un hijo del emperador. En mayo, cuando volvía a Gallipoli, fue engañado por el almirante genovés Eduardo Doria que, presentándose como amigo, le hizo prisionero, atacó sus naves causando numerosas muertes y lo envió a Génova. En junio, Miguel IX envió un ejército contra Gallipoli que no consiguió tomarla, pero sí infringir graves pérdidas a la Compañía. Ésta, al mando de Bernardo de Rocafort, quedó reducida a doscientos seis caballeros, mil doscientos cincuenta almogávares y cuatro galeras. En julio, Miguel IX volvió a atacarlos en Apros (Tracia) y sufrió una derrota a pesar de su superioridad numérica. A continuación, los almogávares devastaron sin piedad Tracia y Macedonia. En la ciudad de Rodosto, hombres, mujeres y niños fueron degollados en venganza por la muerte de los embajadores asesinados. Fue la llamada ”venganza catalana” contra bizantinos y genoveses.

En enero de 1306, a petición de Jaime II, fue puesto en libertad Berenguer de Entenza que marchó a Cataluña para reclutar gente y volver a Gallipoli. Mientras tanto, Bernardo de Rocafort, reforzado con turcoples (tropas cristianas de mestizos greco-turcos) y por los guerreros de Ferrán Eiximenis de Arenós, que había vuelto a la Compañía, avanzó hacia la frontera de Bulgaria en busca de los alanos causantes de la muerte de Roger de Flor y sus compañeros. Cuando los encontraron, los derrotaron y se apoderaron de un gran botín. Después intentaron tomar Adrianópolis y Panfilia, donde estaba refugiado Miguel IX, pero solamente pudieron asolar sus alrededores porque no tenían paciencia ni elementos para sitiar ciudades amuralladas. Solamente eran invencibles en campo abierto. Mientras esto ocurría, Gallipoli, que estaba al mando de Ramón Muntaner, fue sitiada por las galeras del genovés Antonio Spínola. Muntaner, que tuvo que armar a las mujeres para incrementar la escasísima guarnición, hizo una salida y logró matar a Spínola y hacer huir a las galeras. Cuando llegó Rocafort, avisado del asedio, encontró a la guarnición maltrecha pero vencedora.

A principios de 1307, Berenguer de Entenza llegó a Gallipoli con refuerzos, y con la intención de retomar el mando de la Compañía. Pero Bernardo de Rocafort y Ferrán Eiximenis de Arenós no reconocieron su caudillaje, provocando que los almogávares se dividieran en tres obediencias que comenzaron a hacer la guerra por separado. Para terminar con la anárquica situación, llegó a Gallipoli en la primavera con cuatro galeras el infante Fernando, primo de Federico III e hijo de Jaime II de Mallorca, para hacerse con el mando en nombre del rey de Sicilia. Pero Bernardo de Rocafort maniobró para que la Compañía sólo lo reconociera si era a título personal, y no como representante de Federico III. Antes de resolver aquel problema, la insalubridad de Gallipoli después de tantos años de devastación de los territorios circundantes, obligó a los almogávares a abandonar la ciudad para dirigirse a Cristópolis, en la entrada del reino de Salónica. Para evitar enfrentamientos entre los bandos, las tropas de Rocafort salieron en primer lugar, y las de Entenza y de Eiximenis, junto con el infante Fernando, salieron al día siguiente. Por diversas causas, las dos huestes se alcanzaron y las de Rocafort gritaron que las de Entenza venían a matarlos. En el enfrentamiento que se produjo, Entenza, que quiso evitarlo, murió traicioneramente a manos de un hermano y un tío de Rocafort. Este hecho y el afán de poder de Bernardo de Rocafort provocaron que Eiximenis de Arenós, el infante Fernando y Muntaner, abandonaran la Compañía: el primero para ponerse al servicio de Andrónico II, y los dos últimos para volver a Sicilia. En su viaje de regreso a la isla saquearon y quemaron, en represalia por el saqueo de sus bases de aprovisionamiento, el puerto de Armyros, del duque de Atenas, y el de Skopelos que pertenecía a los venecianos. A continuación, en julio, llegaron a la posesión veneciana de Negroponto, en la isla del mismo nombre (la Eubea actual), donde se encontraba el conde Teobaldo de Cepoy, delegado de Carlos de Valois, que con engaños los hizo desembarcar y luego apresar. El infante fue llevado sucesivamente a Tebas, posesión del duque de Atenas, y a Nápoles, donde posteriormente fue entregado a su padre en Mallorca. Muntaner permaneció en poder de Cepoy.

Mientras tanto, al final de aquel verano, los almogávares, turcoples y turcos, que habían seguido a Rocafort, entraron en Macedonia y se instalaron, después de rodear la fortificada Cristópolis, en la ciudad de Casandria junto al golfo de Salónica, desde donde comenzaron de nuevo sus saqueos. Allí, Rocafort recibió y negoció con el conde Teobaldo de Cepoy, que le entregó a Muntaner, las condiciones para poner la Compañía al servicio de Carlos de Valois para luchar contra los bizantinos. Cuando llegaron a un acuerdo, todos juraron ante Cepoy fidelidad a Carlos de Valois. Con ello, el conde asumió oficialmente el mando de la Compañía, aunque el auténtico jefe seguía siendo Rocafort. Por su parte, Muntaner, que había sido bien recibido por los almogávares, decidió regresar a Sicilia.

En octubre, para apoderarse de sus riquezas, Felipe IV, con la complicidad del papa Clemente V, ordenó la detención de los caballeros de la orden del Temple acusándolos falsamente de herejía, idolatría, blasfemia, canibalismo y sodomía. Además, el papa, por bula, ordenó que todos los reyes cristianos hicieran lo mismo que Felipe IV. En un principio, Jaime II se negó a cumplir la orden hasta que se investigaran las acusaciones por el obispo de Valencia, pero en diciembre, ordenó prender a los templarios y apoderarse de sus bienes. La mayoría se encastilló en sus fortalezas para defender su inocencia, pero otros, como los del reino de Valencia se rindieron casi sin resistencia.

Durante 1308, la Compañía, con un Rocafort cada vez más endiosado y déspota, se dedicó sin oposición a saquear la región de Salónica desde Casandria. Pero no tuvo éxito en el asalto a Salónica, ni tampoco pudo apoderarse del rico monasterio del monte Athos.

En agosto, los templarios del castillo de Cantavieja (Teruel) se rindieron a las tropas de Jaime II y pidieron el indulto, y en el resto del año lo fueron haciendo Castellote, Villel y Alfambra (todos en Teruel) y Miravet y Ascó (en Tarragona).

En diciembre, Fernando IV y los embajadores de Jaime II, después de haberse entrevistado en el monasterio de Santa María de Huerta (Soria) y en Monreal de Ariza (Zaragoza), firmaron en Alcalá de Henares un tratado en el que se acordó el inicio para junio del año siguiente de la conquista del reino de Granada. Castilla atacaría Algeciras y Gibraltar mientras que Aragón lo haría contra el reino de Almería que suponía la sexta parte del reino de Granada, el resto quedaría para Castilla. Además, se acordó la petición de condición de cruzada al papa Clemente V, y la dispensa papal para celebrar el matrimonio de Leonor, heredera de Fernando IV, con Jaime, heredero de Jaime II. En la coalición también participaba el sultán benimerí Abú al-Rabí Sulayman.

Hacia marzo de 1309, varios capitanes de la Compañía, con el apoyo de Cepoy, decidieron sublevarse contra Rocafort. Para ello, convocaron una asamblea donde, después de echarle en cara sus abusos y atropellos, lo prendieron y entregaron a Cepoy. Éste lo envió al rey Roberto de Nápoles, que lo encerró en un castillo hasta que murió de hambre. Los almogávares reaccionaron matando a los catorce capitanes que más se habían distinguido en la conjura. Después eligieron cuatro jefes para gobernar la Compañía de acuerdo con el antiguo consejo de los doce. En Casandria, centro de sus correrías, recibieron al catalán Roger Deslaur, embajador del francés Gautier de Brienne, duque de Atenas, que les propuso ponerse al servicio de éste para luchar contra los señoríos vecinos y contra el emperador. La imposibilidad del traslado por mar impidió el acuerdo. Nuevamente la falta de víveres, ocasionada por sus depredaciones, obligó a la Compañía a abandonar Casandria. Después de haber intentado apoderarse de Salónica, que consiguió rechazarlos, entraron en Tesalia y se instalaron en la rica región de Blaquia. Su déspota Juan II Ducas decidió subsidiarlos antes que enfrentarse a ellos.

En abril, el papa otorgó a Castilla y Aragón los beneficios de cruzada a la guerra contra el reino de Granada, y además concedió a Jaime II los diezmos destinados a la futura conquista de Córcega y Cerdeña.

En mayo, las tropas de Jaime II rindieron Monzón (en la actual provincia de Huesca), último castillo templario en la Corona de Aragón.

En julio, mientras los benimerines atacaban la plaza nazarí de Ceuta por tierra, la escuadra aragonesa atacaba por mar, siguiendo un tratado anterior entre ambos reinos. Pero ocurrió que la población ceutí, descontenta con los nazaríes, entregaron la ciudad al sultán Abú al-Rabí. En agosto Jaime II desembarcó frente a Almería y comenzó el asedio por mar y tierra de la ciudad. En su defensa acudió Nasr, nuevo rey de Granada, que tuvo que retirarse al ser derrotado. Mientras tanto, Fernando IV conquistó Gibraltar y asedió Algeciras, pero sus problemas con algunos nobles que lo habían abandonado en noviembre y el desembarco de un ejército benimerí, consecuencia de una nueva paz entre Granada y Fez, le hicieron muy difícil seguir con el asedio.

A finales de enero de 1310, Fernando IV levantó el sitio de Algeciras, y dos días más tarde Jaime II, forzado a hacer la paz con Nasr por los refuerzos benimeríes, levantó el de Almería. Durante el regreso por tierra, las tropas aragonesas sufrieron numerosas bajas causadas por el hostigamiento de los musulmanes.

En la primavera, Gautier de Brienne aprovechó que la Compañía se encontraba cerca de su ducado de Atenas para contratarlos con las mismas condiciones que ya les había ofrecido su embajador Roger Deslaur. La Compañía pasó al ducado y en seis meses consiguió reconquistar treinta castillos que estaban en poder de los enemigos del duque y pacificar sus fronteras. Asegurado su ducado, Brienne decidió contratar a los mejores quinientos guerreros y despedir al resto, a los cuales solamente había pagado dos meses. La negativa del duque de pagar la totalidad del contrato llevó a la Compañía a declararle la guerra.

En octubre de 1310, la reina Blanca de Anjou murió de sobreparto de su hija Violante. Fue enterrada en el monasterio de Santes Creus (Tarragona).

En la primavera de 1311, el ejército del duque de Atenas se situó ante los almogávares en la llanura de Beocia, entre el lago Copais y el río Cefiso. Los quinientos guerreros que se habían quedado con el duque le comunicaron que volvían con sus compañeros. La batalla se dio y Brienne fue derrotado y muerto. Su caballería pesada había fracasado al no poder maniobrar en una llanura que previamente los almogávares, desviando el río, habían convertido en un terreno pantanoso. Junto con el duque murieron todos sus caballeros a excepción de dos: Bonifacio de Verona y Roger Deslaur. La victoria convirtió a los almogávares en dueños del ducado de Atenas, ya que después de ella se apoderaron de ciudades y castillos sin encontrar resistencia. Los almogávares, que sólo sabían guerrear y saquear, necesitaron un jefe que gobernara el ducado y mandara la Compañía. Primero se lo ofrecieron a Bonifacio de Verona, que declinó el encargo; luego hicieron lo mismo con Roger Deslaur, que aceptó. A continuación, se repartieron ordenadamente tanto el territorio del ducado como las mujeres de los muertos en la batalla, a las que convirtieron en sus esposas. Al nuevo mandatario le fue adjudicado el condado de Salona. Los turcos y los turcoples, que querían seguir con una vida de correrías, abandonaron la Compañía.

En julio de 1312, el concilio de Tarragona proclamó la inocencia de los templarios, pero la orden ya había sido disuelta, aunque no condenada, el año anterior en el concilio de Vienne (Francia) con la bula “Vox in excelso” de Clemente V.

A finales de aquel año, Roger Deslaur se retiró a su condado de Salona porque los almogávares decidieron prestar homenaje a Federico III y pedirle que les enviara un príncipe que los gobernara. El rey siciliano designó a su segundo hijo Manfredo y, como éste era un niño, envió al catalán Berenguer de Estanyol como vicario general o gobernador.

En mayo de 1313, Jaime II recuperó el Valle de Arán por renuncia de Felipe IV de Francia. El Valle había estado en poder del francés desde 1283 cuando sus tropas lo invadieron bajo el pretexto de que su rey tenía derechos sobre el territorio. A pesar de que un arbitraje sentenció que el Valle pertenecía a Jaime II de Aragón, el convenio de Argelers de 1298 lo incorporó al reino de Mallorca para que lo administrara provisionalmente. Entre otras razones, la muerte de Jaime II de Mallorca en 1311 pudo influir en la decisión de Felipe IV.

En 1314, el papa Clemente V excomulgó a la Compañía por no haber entregado el ducado de Atenas a los herederos de Gautier de Brienne. Además, intentó organizar una cruzada contra los almogávares, pero fracasó.

En junio de 1315 se celebró por poderes la boda entre Jaime II y María de Lusignan, hermana mayor y heredera, porque no tenía descendencia, del rey Enrique II de Chipre. María era madura de edad y poco atractiva, y para su dote, el rey chipriota debía aportar quinientos mil besantes y la garantía del derecho de sucesión.

En 1316, después de haber llevado a la Compañía a conseguir victorias contra sus enemigos con la táctica de luchar y hacer treguas alternativas, el vicario general Berenguer de Esyanyol murió. Tras sucederle provisionalmente en el mando de la Compañía Guillén Thomas, Federico III envió para sustituirlo a su hijo natural Alfonso Federico.

En junio de 1317, a petición de Jaime II, el nuevo papa Juan XXII promulgó la bula “Pía matris eclesia” que autorizaba la fundación la orden militar de Santa María de Montesa. A ella se trasladaron los bienes de los templarios, y también los de los hospitalarios del reino de Valencia. El rey cedió el castillo y la villa de Montesa (Valencia) para construir la sede de la nueva orden, que tomaría la regla del Cister (San Benito).

En noviembre murió Manfredo, duque de Atenas, y Federico III de Sicilia nombró a Guillén, otro de sus hijos. Como también era niño, siguió siendo vicario general de la Compañía Alfonso Federico.

En 1319, el vicario general Alfonso Federico, al mando de los restos de la Compañía, aprovechó que Juan II Ducas de Tesalia había muerto sin descendencia el año anterior para conquistar Siderocastron, Ptiotida y la parte meridional de Tesalia. Con aquel territorio organizó el ducado de Neopatria que ofreció a Federico III y lo unió al de Atenas.

En julio, en la capilla del palacio real de Barcelona y en presencia de Jaime II, del obispo de la ciudad, de abades y de caballeros de otras órdenes, el abad del monasterio de Santes Creus nombró por delegación pontificia a Guilem de Eril primer maestre de la orden de Montesa.

En octubre, el heredero de la Corona, el infante Jaime, de acusada inestabilidad psicológica que alternaba la crueldad con crisis de misticismo, después de la misa de sus esponsales con Leonor, de tres años de edad e hija de Fernando IV, huyó a caballo. Dos meses después renunció a sus derechos al trono e ingresó en la orden de San Juan.

En noviembre, el papa Juan XXII nombró arzobispo de Toledo al hijo de Jaime II, el infante Juan, que era abad de Montearagón (Huesca), convirtiéndolo así en canciller mayor de Castilla.

En 1320, el infante Alfonso, segundo hijo de Jaime II, fue reconocido como nuevo heredero de la Corona de Aragón en las cortes de Zaragoza.

En septiembre de 1322, después de una larga enfermedad, murió la reina María sin haber tenido descendencia. Las esperanzas de Jaime II de conseguir la corona de Chipre, para poder controlar el comercio en el Mediterráneo oriental, se vieron frustradas porque su rey, sin atender a los derechos de su hermana, había prometido el reino a uno de sus sobrinos.

En diciembre, Jaime II se casó con Elisenda de Montcada después de que el papa Juan XXII le concediese la dispensa de consanguineidad, ya que era biznieta de Constanza, hermanastra de Jaime I. El matrimonio no tuvo descendencia.

En 1323, Jaime II decidió hacer valer sus derechos sobre Córcega y Cerdeña aprovechando el apoyo de las grandes familias y del alto clero de Cerdeña, la postura favorable hacia Aragón del juez Hugo II (mandatario) de Arborea (uno de los cuatro distritos independientes de la isla) y la fuerte animadversión de los sardos ante el endurecimiento del dominio de Pisa, verdadero dueño de la isla. Para ello, comenzó a preparar un ejército para la invasión. Al conocer aquellos preparativos, el juez de Arborea atacó en abril a las fuerzas pisanas y lo notificó a Jaime II, que le envió tres galeras con caballeros e infantería. En mayo, el infante Alfonso, comisionado por su padre para dirigir la invasión, partió desde Port-Fangós (actualmente San Carlos de la Rápita) para poner rumbo a Mahón, en Menorca, donde se le unieron galeras mallorquinas. Con un total de cincuenta y tres galeras, mil caballeros y cinco mil infantes, se dirigió a Cerdeña donde, después de desembarcar, sitió Villa de Chiesa (actual Iglesias) y Cáller (actual Cagliari) con la ayuda de las tropas del juez de Arborea, que en julio se había declarado vasallo de Jaime II. Durante el sitio de Villa de Chiesa se desencadenó una epidemia de fiebres que costó la vida a casi medio ejército, afectando también al infante y a su esposa Teresa de Entenza que lo acompañaba. Ello obligó a Jaime II a enviar importantes refuerzos. Antes de terminar el año, Pisa fracasó en un intento de atacar al puerto de Canelles, donde invernaba parte del ejército aragonés, utilizando tropas de diversas procedencias embarcadas en naves genovesas.

A comienzos de 1324, después de rendirse Villa Chiesa, el infante Alfonso ordenó que sus maltrechas tropas se unieran a las que sitiaban Cáller y que la flota se dispusiera a luchar contra otra de socorro que enviaba Pisa. No hubo enfrentamiento naval, pero sí terrestre con resultado positivo para el infante Alfonso en la batalla de Lucocisterna. Durante el cerco de Cáller, el infante mandó construir el castillo de Bonayre frente a la ciudad. Nuevamente el infante recibió de Jaime II un refuerzo de dieciocho galeras. Los pisanos intentaron recuperar Villa Chiesa pero fracasaron ante la caballería del infante. En junio Aragón y Pisa firmaron la paz estableciendo que, entre otras cuestiones, los pisanos cedían el derecho a la isla, pero reteniendo en feudo de Aragón el castillo de Cáller. Córcega pasaba a Aragón por convenios.

En septiembre murió sin descendencia Sancho I de Mallorca dejando en su testamento el reino a su sobrino Jaime, hijo de su hermano el infante Fernando que había muerto en Morea (actual Grecia) en 1316. Jaime II, alegando que el reino de Mallorca, según el testamento de Jaime I, tenía que pasar a la corona de Aragón, se negó a reconocer al que sería Jaime III de Mallorca y ocupó militarmente el Rosellón y Cerdaña.

En 1325, el conde de Ampurias Hugo VI, que había heredado el condado a pesar de pertenecer a una rama lateral, cedió éste al infante Pedro, hijo de Jaime II, a cambio de la jurisdicción del castillo de Aixa que incluía las villas de Alcalalí, Jalón y Llíber, todos en el reino de Valencia. Con ello, el condado quedó anexionado a la corona de Aragón.

También en aquel año, el consejo de regencia de Mallorca y el infante Felipe, hermano del difunto Sancho y tutor de Jaime III, consiguieron que Jaime II renunciara a anexionarse el reino, a cambio de condonarle la deuda contraída para la financiación de la conquista de Cerdeña.

En septiembre, en las cortes que se celebraron en Zaragoza, el infante Pedro, de cinco años de edad e hijo del infante Alfonso, fue jurado sucesor de su padre. El infante Pedro, hijo del rey, no juró por estar en desacuerdo. Posteriormente, Jaime II convenció a su hijo para que jurase. También, en aquellas cortes se acordó suprimir la tortura en aquel reino, excepto para el caso de falsificación de moneda y sólo a personas ajenas al reino y a vagabundos sin bienes.

A finales de aquel año, sardos, genoveses y pisanos promovieron sublevaciones en varias ciudades de Cerdeña contra los administradores de Jaime II. En Sassari fue donde se produjeron los mayores disturbios. El gobernador se vio impotente para sofocar la revuelta y defender la isla de la inminente llegada de una flota pisana. También, el castillo de Cáller se sublevó. En su ayuda llegó la flota de Pisa y Génova que fue derrotada por la de Jaime II, al mando de Francesc Carròs, en una batalla naval frente a Cáller.

En enero de 1326, las tropas aragonesas desembarcaron y conquistaron Stampace, distrito de Cáller donde se asentaban los comerciantes pisanos.

En abril, después de sofocar todos los focos rebeldes, entre ellos el de Sassari, se firmó un nuevo tratado de paz donde Pisa perdió todo lo conseguido en el tratado anterior.

En noviembre de 1327 murió en Barcelona Jaime II y fue enterrado en el monasterio tarraconense de Santes Creus.

 

Sucesos contemporáneos

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Reyes y gobernantes coetáneos

León: 

Reyes de Castilla y León.

Sancho IV "el Bravo" (1284-1295).
Fernando IV "el Emplazado" (1295-1312).
Alfonso XI (1312-1350).

Castilla:
Navarra:

Reyes de Navarra.

Juana I (1274-1305) casada con Felipe I ( 1284-1305) (futuro Felipe IV "el Hermoso" de Francia).
Luis I "el Obstinado" (1305-1316) y X de Francia (1314-1316).
Juan I "el Póstumo" (1316) y I de Francia (1316).
Felipe II "el Largo" (1316-1322) y V de Francia (1316-1322).
Carlos I "el Calvo" (1322-1328) IV "el Hermoso" de Francia (1322-1328).

Condados catalanes
no integrados en la
Corona de Aragón:

Condes de Ampurias.

Ponce V (1277-1313).
Ponce VI (1313-1322).
Hugo VI (1322-1325).

------- Anexionado a la Corona de Aragón en 1325.

Condes de Pallars-Sobirá.

Ramón Roger I (1288-1294).
Sibila (1295-1297).
Sibila y Hugo de Mataplana (1297-1329).

Al-Andalus:

Reyes del reino nazarí de Granada.

Muhammad II (1273-1302).
Muhammad III (1302-1309).
Nasr (1309-1314).
Ismail I (1314-1325).
Muhammad IV (1325-1333).

Mallorca:

Reyes de Mallorca.

Jaime II (1276-1311).
Sancho I (1311-1324).
Jaime III (1324-1343).

Portugal:

Reyes de Portugal.

Dionisio I "el Labrador" (1279-1325).
Alfonso IV "el Bravo" (1325-1357).

Francia:

Reyes de Francia.
(Dinastía Capeta).

Felipe IV "el Hermoso" (1285-1314).y I de Navarra (1284-1305).
Luis X "el Obstinado" (1314-1316) y I de Navarra (1305-1316).
Juan I "el Póstumo" (1316) y I de Navarra (1316).
Felipe V "el Largo" (1316-1322) y II de Navarra (1316-1322).
Carlos IV "el Hermoso" (1322-1328) y I "el Calvo" de Navarra (1322-1328).

Alemania:

Reyes de Germania.
(Dinastía de Habsgurgo).

Rodolfo I (1273-1291).

(Dinastía de Nassau-Weilburg).

Adolfo (1292-1298).

(Dinastía de Habsgurgo).

Alberto I (1298-1308).

(Dinastía de Luxemburgo).

Enrique VII (1308-1313).

(Dinastía de Wittelsbach).

Luis IV "el Bávaro" (1313-1447).

Emperadores del Sacro Imperio Romano Germánico.

------- Sin emperador desde 1250.

Reyes de Romanos.

Rodolfo I (1273-1291).
Adolfo (1292-1298).
Alberto I (1298-1308).

Reiniciación de Emperadores del Sacro Imperio Romano Germánico.

Enrique VII (1312-1313).
Luis IV "el Bávaro" (1314-1447).

Italia:

Reyes de Italia (Norte).

------- Perteneciente al Sacro Imperio Romano Germánico desde 962.

Dux de la República de Venecia.

Pietro Gradenigo (1289-1311).
Marino Zorzi (1311-1312).
Giovanni Soranzo (1312-1328).

Estados Pontificios (Papas).

Bonifacio VIII (1294-1303).
Benedicto XI (1303- 1304).
Clemente V (1305-1314).

------- Sede vacante desde 1314 a 1316.

Juan XXII (1316-1334).

Reyes de Sicilia.

Jaime I de Sicilia y II de Aragón (1285-1295).
Federico (o Fadrique III (1296-1337).

Reyes de Nápoles.

Carlos II (1289-1309).
Roberto I (1309-1343).

Britania:

Escocia:

Reyes de Escocia.

------- Interregno desde 1290 a 1292.

Juan Balliol (1292-1296).

------- Segundo interregno desde 1296 a 1306.

Roberto I (1306-1329).

Inglaterra:

Reyes de Inglaterra.

Eduardo I (1272-1307).
Eduardo II (1307-1327).
Eduardo III (1327-1377).

División del
Imperio bizantino. (Bizancio):

Imperio Bizantino.
Emperador.
(Dinastía Paleóloga)

Andrónico II (1282-1328).

Imperio de Trebisonda.
Emperadores.

Juan II (1285-1297) 2ª vez.
Alejo II (1297-1330).

Despotado de Épiro.
Déspotas.
(Dinastía Comneno)

Tomás I (1289-1318).

(Dinastía Orsini)

Nicolás (1318-1323).
Juan (1323-1335).

Imperios y sultanatos musulmanes: Califato árabe abbasí:

Califas abbasíes. (Dentro del sultanato mameluco de El Cairo).

Al-Hakim I (1262-1302).
Al-Mustakfi I (1302-1340).

Sultanato benimerí o meriní:

Sultanes.

Abú Yaqub Yusuf (1286-1306).
Abú Thabit Amir (1307-1308).
Abú al-Rabi Sulayman (1308-1310).
Abú Said Uthman II (1310-1331).

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