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Ramiro II "el Monje"
Rey de Aragón (h.1087<1134-1137>1157)

Genealogía


Su reinado

Hacia 1087 nació Ramiro, cuarto hijo del rey de Aragón y Pamplona Sancho Ramírez. A la edad de seis años su padre lo entregó al monasterio benedictino francés de San Ponce de Thomières como oblato, donde llevó una vida monástica hasta 1110. En 1111, su hermano Alfonso I “el Batallador” expulsó al abad del monasterio de Sahagún (León) y lo impuso como nuevo abad. El conflicto entre Castilla y Aragón después de la separación de Alfonso I y de Urraca, hizo que Ramiro tuviera que abandonar el monasterio. En 1116, el gran prestigio que alcanzó Alfonso I en Castilla con la recuperación de Toledo propició que Ramiro fuera elegido obispo de Burgos, pero los acontecimientos políticos le obligaron nuevamente a abandonar su puesto. En 1134 su hermano le concedió el obispado de Roda-Barbastro tras la muerte de su titular ante las murallas de Fraga. Al mes siguiente, el 7 de septiembre, murió el rey de Aragón y Pamplona.

El único descendiente era Ramiro, pero estaba incapacitado para la sucesión, pues su condición de clérigo le impedía ejercer plenamente como rey, ya que según el derecho aragonés un clérigo o una mujer transmiten sus derechos al trono pero no lo ejercen plenamente sino a través de un "bajulus" equiparado normalmente al marido o tutor. Por ello, no es extraño que Alfonso I "el Batallador" ignorase a su hermano a la hora de hacer su testamento. Cuando lo hizo en 1130, no tuvo en cuenta el derecho ni la tradición de los aragoneses, designó herederas de sus reinos a las tres Órdenes Militares de Oriente: el Templo (Temple en francés) de Salomón, el Hospital de San Juan de Jerusalén y el Santo Sepulcro de Jerusalén. Con unos quince años de creación en Oriente, ninguna había arraigado todavía en la Península, por lo que carecían de una mínima infraestructura que les permitiera hacerse cargo de la herencia. Inmediatamente después de la muerte del rey, ni la nobleza aragonesa ni la pamplonesa quisieron respetar el testamento, ya que suponía entregar sus señoríos a las Órdenes y prefirieron elegir un rey que reconociera, como precio de su elección, el carácter hereditario de los señoríos. Tampoco las Órdenes quisieron respetarlo, pues conociendo su débil posición preferían recibir patrimonio territorial a cambio de renunciar a la herencia. Solamente el Papado se interesó por acatar la herencia, ya que su cumplimiento le permitiría intervenir en los asuntos de los reinos peninsulares. Los nobles, que estaban dispuestos a enfrentarse con el Papado para hacer prevalecer su opinión sobre la herencia, buscaron un rey. Los magnates aragoneses, que habían sido muy favorecidos por el poder real, eligieron heredero del reino a Ramiro, a pesar de su nula experiencia política y militar y estar consagrado a la Iglesia. Los magnates pamploneses, que habían recibido un tratamiento mucho menos generoso, optaron por proclamar rey de Pamplona a García Ramírez, destacado guerrero en el ejército de “el Batallador”. Alfonso VII de Castilla y León podría haber sido elegido heredero, tenía lejanos derechos que arrancaban de Sancho “el Mayor”, pero sus constantes litigios con Aragón le cerraron el paso.

Ramiro asumió la herencia e inmediatamente, después de presidir los sufragios por su hermano, realizó un viaje de poco más de un mes por diferentes localidades y territorios de Aragón para ser conocido por sus súbditos, comprobar su grado de fidelidad y recibir el casi total acatamiento de la nobleza y el clero. Tras su coronación en Jaca, Ramiro II estableció una tregua con los musulmanes que le permitió dedicarse a intentar resolver los conflictos con sus vecinos reinos cristianos. En primer lugar, pretendió restaurar la unidad del reino. Se dirigió a la frontera con Pamplona y después de algunos ataques de escasa importancia, optó por una solución negociada. El segundo problema lo tuvo con Castilla. Alfonso VII, nada más fallecer “el Batallador”, aprovechó la inestable situación para marchar contra Aragón, tomar casi toda La Rioja y hacerse, en diciembre de 1134, con el control de Zaragoza, con el apoyo de los nobles de la ciudad, casi todos vasallos o familiares suyos. Tras el gran recibimiento que le hicieron, Alfonso VII juró los fueros y privilegios de la ciudad y le otorgó una espléndida donación, ésta, agradecida, tomó como emblema las armas del reino de León. El rey castellano-leonés no reconoció la heredad del aragonés sobre Zaragoza porque, entre otras razones, quería restaurar la tutela sobre el reino de Zaragoza que Castilla tuvo en otro tiempo y, además, era territorio conquistado por “el Batallador”, y por tanto, según el derecho aragonés, era de libre disposición del testador y no constituía automáticamente patrimonio real de su sucesor.

En 1135, para contrarrestar la superioridad de Alfonso VII en el valle del Ebro, los reyes de Aragón y Pamplona decidieron unirse. En Vadoluengo, entre Sangüesa y Sos, firmaron un pacto por el que Ramiro prohijaba a García Ramírez quedando éste como rey vasallo de Ramiro a condición de ser su heredero. Cada uno conservaría su reino y las fronteras quedarían delimitadas por acuerdos. El pacto duró poco, ya que Alfonso VII, en una reunión en Nájera, recibió el vasallaje de García Ramírez a cambio de reconocerle rey de Pamplona. Además, después de la proclamación de Alfonso VII como emperador, le cedió en septiembre la tenencia de Zaragoza. El rey castellano, a través del pamplonés, estaba en disposición de presionar muy seriamente a Ramiro II, no sólo en el territorio zaragozano sino en la totalidad de su reino.

En el verano de aquel año, algunos nobles aragoneses, viendo a García Ramírez señor de Zaragoza y protegido de Alfonso VII, cambiaron de bando y se pusieron en contra Ramiro II. Éste tuvo que reprimir rápida e implacablemente la rebelión. La enérgica actuación del rey fue recogida en la leyenda de “La Campana de Huesca”, donde la realidad histórica se adornó con elementos legendarios procedentes de la antigüedad greco-romana. Según la leyenda, Ramiro II envió un mensajero al abad de San Ponce de Thomières para pedirle consejo sobre la actitud a tomar con respecto a los nobles rebeldes. Después de escuchar al enviado, el abad se dirigió al huerto y comenzó a cortar las coles que sobresalían y dijo al heraldo “Vete a mi señor el rey y dile lo que me has visto hacer”. Ramiro II comprendió la respuesta y, rápidamente, convocó en Huesca a los nobles rebeldes donde les comunicó su intención de fabricar una campana cuyos ecos resonasen en todo el reino. A continuación ordenó la ejecución de los rebeldes. Quince cabecillas fueron degollados y sus cabezas fueron colocadas en círculo, la del decimosexto hizo de badajo. La noticia de sus muertes a manos del rey se propagó rápidamente por Aragón y sirvió de advertencia.

Sin embargo, la situación política del reino continuaba siendo inestable. Tanto fue así, que las continuas escaramuzas con parte de la nobleza le forzaron a refugiarse en Besalú, al norte del condado de Barcelona, hasta principios de noviembre.

El fracaso del intento de prohijar a García Ramírez por la ruptura del pacto, llevó a Ramiro II a buscar un heredero natural, para lo cual contrajo matrimonio con Inés de Poitou (o de Poitiers) el 13 de noviembre en Jaca. No se sabe por qué eligió a la hija de Guillermo IX, duque de Aquitania, ni como se cerró tan complicado acuerdo. Parece ser que los duques de Aquitania apoyaban al antipapa Anacleto, que acababa de expulsar de Roma a Inocencio II, gracias a lo cual habrían conseguido la dispensa para que Inés pudiera casarse con un clérigo. Inés era una viuda de unos 30 años, de fertilidad contrastada ya que era madre de tres hijos y, a juzgar por la decisión posterior, debería abandonar al rey y al reino nada más dar a luz una vez.

En agosto de 1136, nació la infanta Petronila. En el mismo verano, Alfonso VII, por razones desconocidas, cambió de política, en detrimento de García Ramírez, al reconocer a Ramiro II como rey de Zaragoza a cambio de la tenencia de la ciudad y de su territorio hasta el fin de sus días. Su nueva posición provocó la enemistad del rey de Pamplona que vio la imposibilidad de expansionarse al no tener fronteras con los musulmanes. El cerco castellano-aragonés le llevó a la guerra, pero lo hizo selectivamente y sólo atacó a Aragón. Alfonso VII fue el que respondió con una acometida contra Pamplona consiguiendo apoderándose de Estella y apresar al conde Ladrón, que le prestó vasallaje y se pasó a Castilla con el territorio de Álava.

En la primavera de 1137, García Ramírez de Pamplona se lanzó contra Aragón conquistando, entre otras, las poblaciones de Malón, Bureta y Fréscano en la zona de Tudela. Además, incendió Jaca y privó de sus rentas en Pamplona a la diócesis de Tarazona y a las del monasterio de Montearagón.

La intención de Ramiro II era volver lo antes posible a su anterior vida monástica, pero nuevamente el derecho aragonés se interponía en su camino. Tenía una heredera que no podía ejercer por sí misma el poder real a no ser que lo ejerciera un marido o un tutor. Resolvió el problema cuando en aquella primavera de 1137, su cancillería y la de Ramón Berenguer IV, conde de Barcelona, acordaron la boda de Petronila con el conde. Teniendo en cuenta que el matrimonio canónigo no se podía celebrar hasta que Petronila cumpliese la edad de catorce años, pactaron que el acuerdo entrara en vigor inmediatamente después de firmar las capitulaciones matrimoniales para garantizar la estabilidad del reino ante cualquier contingencia presente o futura. Las capitulaciones matrimoniales se firmaron en agosto de aquel año. En ellas, Ramiro II entregaba a su hija en matrimonio a Ramón Berenguer IV y aportaba el reino de Aragón. En el supuesto de que la infanta muriera sin descendencia, el marido sería el heredero del reino hasta la muerte de Ramiro II, pudiendo entonces decidir libremente su destino; mientras, Ramiro II quedaba como rey en Aragón y en todos los condados de Ramón Berenguer IV, lo que también sucedería si el conde muriese sin hijos.

Aquel mismo agosto, Ramiro II se retiró al monasterio de San Pedro el Viejo de Huesca para volver a la vida monástica. Dejó el poder pero siguió conservando la dignidad real. Ramón Berenguer IV, como príncipe de Aragón, sin recibir nunca el título de rey pero con capacidad de ejercer la potestad regia, se hizo cargo del gobierno de Aragón.

Ramiro II murió en agosto de 1157 y está enterrado en el mismo monasterio de San Pedro el Viejo de Huesca.

 

Sucesos contemporáneos

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Reyes y gobernantes coetáneos

Castilla: 

Rey de Castilla y León.

Alfonso VII "el Emperador" (1126-1157).

León:
Cataluña:

Conde de Ampurias.

Ponce II (1116-1153).

Conde de Barcelona.

Ramón Berenguer IV (1131-1162).

Conde de Urgel.

Armengol VI (1102-1153).

Conde de Pallars-Sobirá.

Artal III (h.1124-1167).

Conde de Pallars-Jussá.

Arnaldo Mir (1124-1174).

Navarra:

Rey de Pamplona.

García IV Ramírez "el Restaurador" (1134-1150).

Al-Andalus:

(Imperio almorávide)

Emir almorávide.

Ali ben Yusuf (1106-1143).

Francia:

Reyes de Francia.
(Dinastía Capeta).

Luis VI "el Gordo" (1108-1137).
Luis VII "el Joven" (1137-1180).

Alemania:

Reyes de Germania.
(Dinastía de Franconia) (Salia).

Lotario II (1125-1137).

(Dinastía Hohenstauffen) (Casa de Suavia).

Conrado III (1137-1152).

Emperadores del Sacro Imperio Romano Germánico.

Lotario II (1125-1137).
Conrado III (1137-1152).

Italia:

Reyes de Italia (Norte).

Perteneciente al Sacro Imperio Romano Germánico.

Estados Pontificios. (Papas).

Inocencio II (1130-1143).
(Antipapa) Anacleto II (1130-1138).
(Antipapa) Victor IV (1138) 2 meses.
Celestino II (1143-1144).

Britania:

Escocia:

Rey de Escocia (anteriormente Alba).

David I (1124-1153).

Inglaterra:

Reyes de Inglaterra.

Henry I (1100-1135).
Stephen de Blois (1135-1154).

Gales:

Reyes de Gwynedd, Powys y Deheubarth.

Gruffydd ap Cynan (1081-1137).
Owain Gwynedd (1137-1170).

Bizancio:

Emperador.

Juan II (1118-1143).

Imperios árabes: Califato abbasí:

Califas abbasíes. (Bagdad).

Al-Mustarsid (1118-1135).
Al-Rachid (1135-1136).
Al-Muqtafi (1136-1160).

Califato fatimí:

Califa fatimí. (El Cairo)

Al-Hafiz (1130-1149).

 

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