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Fernando III "el Santo"
Rey de Castilla (1201<1217-1252>1252)
Rey de León (<1230-1252>)

Genealogía


Su reinado

Fernando III nació en junio de 1201. Era hijo de Alfonso IX de León y de doña Berenguela, primogénita de Alfonso VIII de Castilla. A pesar de la existencia de un problema de consanguineidad en la pareja (eran tío y sobrina), el matrimonio se había celebrado, sin la dispensa papal, con el único motivo de terminar con las guerras entre Castilla y León. En 1198, el papa Celestino III negó la dispensa y excomulgó a ambos. Al año siguiente, la sentencia fue confirmada por el nuevo pontífice Inocencio III. El rey leones ya había tenido el mismo problema al casarse en primeras nupcias con su prima hermana Teresa de Portugal. Aquel matrimonio había sido anulado por bula papal en 1193 cuando ya tenían tres hijos: Sancha, Dulce y el también llamado Fernando, de ocho años de edad.

En 1204, Alfonso IX y doña Berenguela, después de haber tenido cinco hijos y a pesar de los esfuerzos de todos por conservar unido el matrimonio, tuvieron que aceptar la decisión papal y separarse. Doña Berenguela volvió a la corte de Castilla con tres de sus hijos, una había muerto y el futuro Fernando III, que permanecía con su padre, llegó unos meses más tarde. La nulidad del matrimonio supuso para Fernando la pérdida de sus derechos como heredero del reino de León al ser considerado hijo ilegítimo. En 1206, para asegurar la frágil paz, Alfonso VIII de Castilla, abuelo de Fernando, se reunió en Cabreros del Monte con Alfonso IX y firmaron un tratado donde se nombraba heredero del trono de León a Fernando, pero no en virtud del matrimonio de sus padres, que había sido declarado nulo, sino en virtud de haber sido adoptado solemnemente como hijo conforme a la costumbre del reino. El tratado fue enviado preceptivamente al papa para ser legalizado.

En 1208, una enfermedad estuvo a punto de acabar con la vida de Fernando, y como posible consecuencia de ella tuvo una infancia y una adolescencia enfermiza que le acarrearon numerosas dolencias a lo largo de su vida.

En 1211 murió Fernando, hijo de Alfonso VIII y heredero del reino de Castilla, y en 1214 murieron el rey castellano y Fernando, el hijo portugués de Alfonso IX. El trono de Castilla pasó al hijo del finado rey, Enrique I, que al ser un niño de diez años y medio de edad, tuvo como tutora y regente del reino a su hermana doña Berenguela, madre de Fernando.

En 1215, don Álvaro Núñez de Lara, alférez de Castilla y miembro de la poderosa familia de los Lara, junto con sus hermanos y sus partidarios, consiguió con intrigas arrebatar la tutoría y regencia a doña Berenguela. La forma de gobernar del nuevo regente propició la guerra civil entre los Lara y los partidarios de doña Berenguela. El rencor de don Álvaro hacia ella y el deseo de socavar su gran influencia política, y de paso minar los derechos de Fernando como heredero del reino de León, fue un ingrediente más en el conflicto. Doña Berenguela, ante el peligro, se refugió en el castillo palentino de Autillo, desde donde envió a todos sus hijos a la corte de su padre en León.

El hecho de que Fernando y sus hermanos estuvieran en la corte de León, hizo pensar a don Álvaro, que ya había sido nombrado conde, en la existencia de un acercamiento entre doña Berenguela y Alfonso IX. Para contrarrestarlo, intentó, con un matrimonio fallido entre Enrique I y la infanta portuguesa Mafalda, acercar Castilla a Portugal.

En junio de 1217, cuando la guerra civil asolaba Castilla, Enrique I murió víctima de un accidente en Palencia. El regente intentó ocultar el suceso llevando el cadáver al castillo de Tariego, pero doña Berenguela, que continuaba en Autillo, se enteró y rápidamente envió a León nobles de su confianza para que trajeran, y así lo hicieron, a Fernando, que había estado acompañando a su padre en sus viajes de gobierno por el reino de León, antes de que Alfonso IX tuviera conocimiento de lo sucedido. Lo hizo así porque en aquellos momentos doña Berenguela era por derecho reina de Castilla y Fernando su heredero, por lo tanto la permanencia de éste en León podría ser peligrosa porque se había convertido en rival de su padre en la muy posible disputa por la corona de Castilla, ya que el rey leones podría hacer valer, y así lo hizo, el tratado de Sahagún firmado en 1158 por Sancho III de Castilla y Fernando II de León donde se establecía que si alguno de ellos moría sin descendencia, el reino del finado sería heredado por el superviviente. Enrique I había muerto sin descendencia y Fernando no era descendiente directo de Alfonso VIII, por lo tanto, Alfonso IX reclamaba su derecho al trono castellano. No tuvo en cuenta otros tratados y diplomas dictados por Alfonso VIII que señalaban a doña Berenguela como heredera del reino de Castilla si no había varón.

Levantado el asedio, madre e hijo se reunieron en el castillo de Autillo. Desde allí, acompañados por sus partidarios, entre los que se encontraban Lope Díaz de Haro y los hermanos Álvaro y Rodrigo Díaz de los Cameros, salieron hacia Palencia donde doña Berenguela fue recibida por su obispo con consideraciones de reina. Mientras tanto, don Álvaro, que continuaba en el castillo de Tariego, mantenía a sus partidarios en pie de guerra. Para acabar con ella, doña Berenguela intentó llegar a un acuerdo con el conde, pero la absurda petición de que le fuera entregado Fernando (que sería mayor de edad en pocos días), para que quedara sometido a su tutela, hizo fracasar las conversaciones y la guerra continuó.

Después de aquella negociación, don Álvaro marchó a León para intentar convencer a Alfonso IX, con promesas de ayuda, de sus posibilidades para hacerse con el trono de Castilla. El rey leonés no atendió en un principio las razones del conde y se mantuvo al margen, pero su ambición lo llevó a cambiar de opinión. En junio inició una campaña contra Castilla enviando a su hermanastro Sancho Fernández, alférez real de León, a conquistar Ávila, pero fue derrotado y tuvo que retirarse. A finales de aquel mes, fue el propio Alfonso IX el que penetró en Castilla y se apoderó de Villagarcía, Urueña y Castromonte en Tierra de Campos.

El día dos de julio de aquel año de 1217, en Valladolid, en una asamblea popular, doña Berenguela cedió la corona de Castilla a su hijo Fernando. En el acuerdo de cesión, la reina se reservaba dar su consentimiento para los actos más importantes de gobierno. Veintiséis días fueron los que ostentó la corona de Castilla, pero no se retiró a un convento, como era costumbre en la época, sino que continuó junto a su hijo aconsejándolo y participando eficazmente en el gobierno del reino, en una especie de correinado, hasta su muerte en 1246.

El cinco de julio, Alfonso IX, en su avance, llegó a Arroyo de la Encomienda a siete kilómetros de Valladolid. Allí recibió a los obispos de Burgos y Ávila, enviados por doña Berenguela, para convencerlo de que no atacara a su hijo, que ya era rey de Castilla. Alfonso IX no accedió a la petición, pero después de varios días, se convenció de que no contaría con los contingentes de los Lara ni con las tropas derrotadas de su hermanastro para conquistar la ciudad, por ello, levantó el campo y se dirigió a Burgos. Después de realizar un itinerario por diferentes plazas sin hacer por tomarlas, como Dueñas y Palencia, llegó a Arcos, muy cerca de la capital, y acampó. Al tener conocimiento de que Burgos estaba defendida por el nuevo alférez real de Castilla, Lope Díaz de Haro, desistió del intento de tomarla y regresó a León. En su recorrido de vuelta, asoló Celada del Camino, Villaquirán de los Infantes, Villaldemiro y Torremormojón.

Con Alfonso IX fuera de Castilla, las tropas castellanas atacaron a los Lara y les arrebataron los castillos de Muñó, Lerma y Lara. Don Álvaro no se dio por vencido y respondió con el ataque a Belorado y Nájera, e intentó capturar a Fernando III tendiéndole una celada. Ésta fracasó, y el conde fue hecho prisionero. La entrega de todas sus tenencias y las de sus partidarios fue el precio que tuvo que pagar por su libertad. Después marchó al reino de León del que todavía era mayordomo real.

En noviembre de aquel mismo año de 1217, la caída de los Lara propició la tregua entre los dos reinos. Medio año más tarde, la tregua se rompió porque los Lara, con sus partidarios, volvieron a hostigar la frontera de Castilla por el sector de Medina de Rioseco. Aunque fueron rechazados por los castellanos, consiguieron que Alfonso IX se indispusiera con su hijo y le declarara la guerra. Fueron los magnates castellanos los que se enfrentaron al rey leones, ya que Fernando III no quiso guerrear contra su padre. El conflicto terminó con la derrota de los castellanos y la firma en agosto de 1218 de un tratado de paz en Toro entre padre e hijo. Paz que supuso la pérdida definitiva de la influencia de los Lara. Pero Fernando III no se ensañó con los vencidos, permitiendo que uno de los hermanos Lara, Fernando, conservara sus tenencias cuando lo reconoció como rey. Don Álvaro murió aquel año.

Por aquellas fechas, Alfonso IX ya tenía decidido apartar a Fernando III del trono de León y entregarlo, por medio de una donación que evitase el problema de la ilegitimidad, a una de sus hijas, Sancha o Dulce, tenidas con su primera esposa. Así se deduce por algunas actuaciones documentales que realizó en favor de ellas. Fernando III y doña Berenguela consiguieron que el papa Honorio III recordara, por bula de julio de 1218, a Alfonso IX que Fernando había sido reconocido solemnemente heredero de León en el tratado de Cabreros de 1206.

En 1219, Fernando III fue armado caballero en el monasterio de Las Huelgas y tres días más tarde, el treinta de noviembre, se casó con Beatriz de Suabia, cuarta hija de Felipe de Suabia, emperador electo del Sacro Imperio Romano en 1198.

En aquel año, aunque estaban en vigor las treguas con los almohades, el arzobispo de Toledo Jiménez de Rada, actuando por cuenta propia, como hacían otros señores, tomó a los musulmanes Sierra, Serreruela y Mira.

En 1220, Fernando III y doña Berenguela autorizaron al alférez de Castilla, don Lope Díaz de Haro, a intervenir militarmente en la región de Calahorra, donde don Rodrigo Díaz, señor de los Cameros, se había apoderado ilegalmente de rentas de la diócesis. La intervención también tenía el propósito de controlar su sede episcopal y los territorios de Santo Domingo de la Calzada y Nájera, zona estratégica para Castilla. Posiblemente, la actuación real indujo al señor de los Cameros a pedir y obtener el voto de cruzada para librarse de la jurisdicción real, ya que implicaba que sus posesiones quedaban bajo la sumisión del papa (el señor de lo Cameros nunca fue a las cruzadas). A pesar del voto de cruzada, fue llamado por el rey para dar explicaciones en la curia regia de Valladolid. Allí cometió un acto de insolencia al marcharse sin ver ni visitar al rey. Éste, irritado por su comportamiento, le despojó de sus tierras. Al negarse don Rodrigo Díaz a cumplir el mandato, el rey y su madre tuvieron que negociar y darle catorce mil áureos para conseguir la entrega.

En 1221, don Pedro González de Marañón, que había sido partidario de don Álvaro Núñez de Lara y había mantenido su rebeldía después de la muerte de éste, también obtuvo el voto de cruzada para librarse de la jurisdicción real, cuando fue llamado a Valladolid para comparecer ante Fernando III.

En aquel año, ante el riesgo de que alguna de las hijas de Alfonso IX pudiera ser coronada reina de León al matrimoniar con un príncipe peninsular, quedando Fernando III sin su herencia leonesa, doña Berenguela se apresuró a casar a su hermana Leonor con el futuro Jaime I de Aragón, sin tener en cuenta que los contrayentes eran biznietos de Alfonso VII. Debido a ello, la corte leonesa exploró la situación en los reinos europeos, pero las diferentes alianzas matrimoniales en aquellos reinos hacían difícil encontrar un digno pretendiente.

En julio de aquel año se inició la construcción de la catedral de Burgos con la colocación de la primera piedra por Fernando III.

También en aquel año, Fernando III envió embajadores al califa almohade al-Mustansir para renovar las treguas.

En 1223, don Gonzalo Pérez de Lara, señor de Molina, que en 1221 se había declarado feudatario del arzobispo de Toledo y de su iglesia al donándole su señorío, comenzó a hostigar las tierras fronterizas a sus posesiones. Fernando III respondió atacando y devastando el señorío. Finalmente asedió el castillo de Zafra; al no poder asaltarlo, el rey se vio obligado a negociar un pacto en el que entraba el reconocimiento de don Gonzalo al rey y el matrimonio de su hija Mafalda con Alfonso, hermano de Fernando III. Por este matrimonio, el infante se convertirá en el señor de Molina y el señorío pasará a depender de Castilla desapareciendo el vínculo de vasallaje con el arzobispo de Toledo.

En fecha incierta, pero seguramente en aquel año, nueve nobles castellanos enviaron unas cartas a doña Blanca, hermana de doña Berenguela, y a su esposo Luis VIII, rey de Francia, en las que se declaraban vasallos suyos y les pedían que enviasen a su hijo, el futuro Luis IX, a Castilla para ser nombrado rey aduciendo su legitimidad como heredero de Alfonso VIII. Las cartas se conservan en los Archivos Nacionales de Francia, y entre los remitentes se encuentran, entre otros: Rodrigo Díaz de los Cameros, Pedro Díaz de Haro, Pedro González de Marañón y Gonzalo Núñez de Lara.

En 1224, descartada la opción de Jaime I, la corte leonesa se decidió por un candidato del otro lado de los Pirineos para maridar con la infanta Sancha: Juan de Brienne, glorioso cruzado que había sido rey de Jerusalén y que contaba con el apoyo del emperador y el patrocinio del papa. Con el propósito de casarse con Sancha, se dirigió en peregrinación a Compostela. Antes de llegar a su destino, se entrevistó con doña Berenguela y Fernando III en Toledo y se comprometió en matrimonio con Berenguela, hija de Alfonso IX y doña Berenguela. Cuando volvió de Compostela se celebraron los esponsales. Nuevamente se frustraban los deseos de la corte de León de encontrar un consorte que consiguiera la corona leonesa para la infanta.

En aquel año, Fernando III reanudó la guerra contra los almohades aprovechando que las treguas habían caducado y que se estaban produciendo en aquel imperio unos enfrentamientos que lo debilitaban. El califa al-Mustansir había muerto y le había sucedido su anciano tío Abd Wahid. Cuando sólo habían transcurrido dos meses, su sobrino Abi Yusuf al-Adil, gobernador de Murcia, se había sublevado y proclamado califa. Al ser acatado en casi todo al-Andalus, había provocado la división territorial del imperio almohade, aunque casi inmediatamente había sido reconocido como califa de todo el imperio. Al nombrar a uno de sus hermanos, Abú l-Ala, gobernador de Sevilla, desplazó a su titular Abd Allah al-Bayasi “el Baezano” a Córdoba, lo que seguramente provocó su sublevación y su marcha a Baeza donde se proclamó rey. Al ser dos veces atacado en aquella plaza por las tropas del califa, había pedido ayuda a Fernando III.

Fue esta solicitud de ayuda lo que impulsó a Fernando III a pedir a doña Berenguela en una curia celebrada en la plaza fuerte de Muñó su venia para hacer la guerra a los musulmanes. Conseguida ésta, convocó cortes en Carrión para acordar la reunión de las tropas y la preparación de la expedición. Cuando estuvieron listos, se dirigieron hacia la frontera y, reunidas con las tropas de “el Baezano”, que ya había perdido Jaén, Córdoba y Úbeda, emprendieron una campaña que dio como resultado la toma de Quesada (Jaén) y la de seis castillos más, luego saquearon las tierras de Jaén. A finales de otoño, los expedicionarios regresaron a Toledo. Antes de volver a Burgos, Fernando III recibió una embajada de Abú Zayd (o Zeit Abú Zeit) ben Muhammad ben Abi Hafs, gobernador de Valencia, Alcira, Játiva y Denia, y hermano de “el Baezano”, que le pedía una entrevista en el castillo de Moya (actual provincia de Cuenca), porque deseaba ser su vasallo y ponerse bajo su protección ante el inminente ataque de los aragoneses.

En mayo de 1225, Fernando III recibió en Moya el vasallaje de Zeit Abú Zeit, aunque este duró muy poco tiempo. Luego volvió a cruzar la frontera para realizar una nueva campaña con la ayuda de “el Baezano”. Éste, en el llamado Pacto de Las Navas, se hizo vasallo del castellano y prometió la entrega de los castillos de Martos, Andújar y Jaén, si lograban recuperarlos. Los aliados avanzaron hacia Jaén, pero al no poder rendirla, arrasaron sus alrededores. Luego, después de conquistar Priego y Loja, llegaron a Granada donde sus habitantes prometieron que si se retiraba, el gobernador se haría vasallo del rey de Castilla y que pondrían en libertad a mil trescientos cautivos cristianos. Fernando III aceptó y se retiró a la fortaleza de Mengíbar, previamente tomada, donde despidió a sus milicias, recibió de “el Baezano” las fortalezas de Martos y Andújar, cuyas tenencias confió a Álvar Pérez de Castro, y regresó a Toledo.

En aquel verano, tropas castellanas de los concejos de Cuenca, Huete, Moya y Alarcón realizaron una expedición contra tierras de Murcia.

En el último tercio del año, “el Baezano” entregó a Fernando III, por un pacto anterior, los castillos de Burgalimar y Salvatierra. El primero fue transferido sin problemas, pero la guarnición del segundo opuso resistencia a la entrega.

En 1226, “el Baezano” fue derrotado por Abú l-Ala cuando intentó tomar Sevilla. La derrota hizo que la guarnición del castillo de Capilla, que también debería haber sido entregado a Fernando III, se negara a hacerlo. El rey castellano respondió asediando el castillo y logrando su capitulación. Durante el asedio, se produjo una revuelta en Córdoba, conquistada el año anterior por “el Baezano”, que acabó con su vida cuando huía. A continuación, Fernando III regresó a Toledo dejando la defensa de los territorios conquistados a diferentes magnates, entre los que se encontraban Lope Díaz de Haro, al que encargó la defensa de Baeza, Álvar Pérez de Castro y Gonzalo Yáñez. Estos continuaron realizando incursiones que llegaron hasta la misma Sevilla, donde, en 1227, su gobernador Abú l-Ala tuvo que negociar una tregua y pagar trecientos mil maravedíes.

En aquel año de 1227, Abú l-Ala se sublevó contra su hermano al-Adil y se proclamó califa. Como consecuencia de su poca aceptación en al-Andalus, comenzó un alzamiento generalizado contra los almohades y la progresiva desintegración de su imperio en la Península. Ésta comenzó a dividirse en principados o reinos taifas.

En 1228, el andalusí Muhammad ben Yusuf ben Hud venció al gobernador almohade de Murcia y fue proclamado “emir”. Para contener al rebelde, el nuevo califa Abú l-Ala Idris al-Mamun, volvió a pedir una tregua con pago de parias a Fernando III. A pesar de que consiguió vencer a Ibn Hud, aunque sin lograr su sometimiento, abandonó al-Andalus y cruzó el Estrecho con su ejército. Con esta acción se cerró la vinculación de la dinastía almohade con al-Andalus, aunque todavía quedaron algunas autoridades almohades aisladas y resistiendo por su cuenta.

En 1229, Fernando III, ante el poderío que estaba adquiriendo Ibn Hud, que se había rehecho tras su derrota ante al-Mamun y había sido reconocido en Almería, Málaga y Jaén, emprendió una campaña contra él saqueando el territorio de Úbeda y tomando Sabiote, Garcíez y Jodar. Luego, arrasó el campo de Iznatoraf y llegó hasta Jaén.

En 1230, Fernando III volvió a Jaén para conquistarla, pero a pesar de utilizar grandes máquinas de asalto, la fortaleza resistió y el castellano tuvo que retirarse antes del otoño. En el camino de vuelta a Toledo, recibió la noticia de la muerte de su padre Alfonso IX de León y que había dejado el reino a sus hijas. Doña Berenguela, que acudió a su encuentro, lo apremió para que se dirigiera urgentemente al reino de León para hacer valer sus derechos. La urgencia se debía a que los partidarios de las infantas, aunque eran minoría, intentaban que fueran reconocidas. Fernando III entró en el reino leonés y fue reconocido en Toro, Villalpando, Mayorga, Mansilla y León, donde fue coronado solemnemente. Para evitar que aumentaran los pocos enfrentamientos que se estaban produciendo entre partidarios y detractores de las infantas, doña Berenguela y doña Teresa, madre de las infantas, se reunieron y acordaron un arreglo pacífico. En el acuerdo fue firmado en Benavente, Fernando III otorgaba una renta vitalicia a sus hermanas de treinta mil maravedíes anuales a cambio de la renuncia de todos sus derechos al reino. Durante los dos siguientes años, Fernando III desarrolló una gran actividad para atraer a su causa a los sectores que podrían oponerse al proceso de unificación de ambos reinos.

En 1231, Fernando III, que estaba ocupado en los asuntos internos de Castilla y León, encomendó a las órdenes militares las acciones militares en la frontera contra los musulmanes y permitiendo que personajes de la corte realizaran incursiones en aquellos territorios. Una de ellas fue la cabalgada realizada por Álvar Pérez de Castro y Alfonso de Molina, hermano del rey, que llegó hasta Vejer (Cádiz) pasando por Córdoba y Sevilla. En Jerez se enfrentaron a un poderoso ejército mandado por Ibn Hud al que derrotaron y arrebataron un gran botín. Otra acción fue la del arzobispo de Toledo, que consiguió en poco tiempo recuperar Quesada y unos catorce castillos, organizándolos después como un señorío arzobispal.

En enero de 1233, tropas del obispo de Plasencia y de las órdenes militares, que habían iniciado el sitio el año anterior, rindieron la plaza de Trujillo. Ibn Hud, que había acudido en su auxilio, no se enfrentó a los sitiadores.

En ese mismo enero, Fernando III puso sitio a Úbeda y consiguió su capitulación en seis meses. Ibn Hud, que no pudo acudir en auxilio de la ciudad, acordó una tregua por la que tuvo que pagar mil dinares diarios. Durante el cerco, uno de los magnates más importantes de Castilla, Lope Díaz de Haro, alférez real y señor de Vizcaya, se sintió menospreciado por el rey por un asunto, seguramente, de posesiones de tenencias adquiridas sin la correspondiente autorización real. Al año siguiente, el enfrentamiento se materializó cuando el de Haro, enfadado, se separó del rey y formó una especie de liga nobiliaria contra Fernando III al casar a una de sus hijas con el conde de Rosellón y a otra con Álvar Pérez de Castro, todo ello sin pedir el preceptivo consentimiento real. Después de varias actuaciones contrarias al rey, los buenos oficios de doña Berenguela y de la reina doña Beatriz, consiguieron restablecer la paz y ambos nobles volvieron a la obediencia de Fernando III.

En 1235, Fernando III pudo continuar sus campañas por al-Andalus. Envió a Álvar Pérez de Castro contra Ibn Hud, que estaba asediando Niebla, mientras él asolaba las tierras de Arjona, Jaén y Córdoba. Por ello, Ibn Hud tuvo que levantar el sitio de Niebla y firmar en mayo una tregua por un año y pagar cuatrocientos treinta mil maravedíes por ella. Los castillos de Iznatoraf y Santisteban, que no estaban incluidos en la tregua, fueron tomados a continuación. En diciembre, un mes después de morir la reina doña Beatriz, tropas cristianas consiguieron apoderarse, con ayuda interior, del arrabal de Córdoba. Ante el contraataque de las tropas del centro de la ciudad, los asaltantes consiguieron la ayuda de Álvar Pérez de Castro, que se encontraba en territorios cercanos, y pidieron la de Fernando III. En el siguiente febrero llegó el rey, procedente de Benavente, acompañado de numerosos nobles castellanos y leoneses para poner sitio a la plaza. Sus habitantes esperaron la ayuda de Ibn Hud que venía desde Murcia, pero al comprobar que éste no se decidió a intervenir y se había retirado a Sevilla, iniciaron negociaciones de rendición con Fernando III. Los cordobeses, al no aceptar la condición de evacuar la ciudad, obligó a Fernando III, que no quería asaltarla, a hacer uso de un pacto de alianza que tenía con el emir de Arjona al-Ahmar, enemigo de Ibn Hud y de los cordobeses. Aquella alianza propició que la ciudad se rindiese en junio de aquel año. Fernando III regresó a Toledo donde cayó gravemente enfermo durante varios meses.

En el mismo año se produjeron conquistas cristianas por casi toda la frontera: los concejos de Cuenca, Moya y Alarcón tomaron en la zona de Valencia las villas de Utiel y Requena; en el oeste, la orden militar de Santiago tomó y repobló Almendralejo y Fuentes del Maestre, y la de Alcántara conquistó Benquerencia y Zalamea; y en el sector de Murcia, también los de Santiago ocuparon el campo de Montiel y la sierra de Segura.

En 1237, doña Berenguela gestionó un nuevo matrimonio para su hijo en la persona de Juana de Ponthieu, sobrina de Luis VII de Francia e hija del conde de Ponthieu. La elegida, que tenía una lejana ascendencia con Fernando III, se había casado por poderes con Enrique III de Inglaterra, pero Blanca de Castilla, esposa de Luis VIII de Francia, consiguió que el papa Gregorio IX anulase el matrimonio, antes de consumarse, por motivos de consanguineidad. La boda con Fernando III se celebró en noviembre de aquel año después de haber recibido la dispensa papal.

En 1238, el asesinato de Ibn Hud y el desmoronamiento del poder almohade propiciaron el avance de las tropas cristianas. Numerosas villas y castillos cordobeses fueron anexionados mediante pactos o por las armas. Por los primeros se entregaron, entre otros: Écija, Almodóvar, Lucena, Setefilla, Luque y Estepa. Por los segundos se obtuvieron, entre otros: Hornachuelos, Mirabel, Zafra Pardal, Zafra Mogón, Rute, Baena, Benamejí, Montoro, Porcuna y Osuna.

En 1239, la repentina muerte de Álvar Pérez de Castro hizo necesaria la presencia durante trece meses de Fernando III en Córdoba para organizar el territorio conquistado. Antes de salir, preparó con doña Berenguela el viaje de su hijo Fadrique a la actual Italia para entrevistarse con el emperador Federico II, que allí se encontraba, para reclamarle sus derechos sobre el ducado de Suabia, incluido en la dote de su difunta madre. El ducado le facultaría para optar al nombramiento de emperador.

En 1240, el primogénito del rey, el futuro Alfonso X, realizó una campaña contra el reino de Murcia. Durante ella, los cristianos se apoderaron de Albacete mediante la entrega de una suma de dinero a su alcaide. En el año siguiente se realizó una nueva expedición a aquel reino, pero esta vez a cargo de la orden de Santiago. Los ataques cristianos de una parte, y los de sus vecinos musulmanes por otra, hicieron que los murcianos hicieran un pacto de sumisión en Alcaraz con Castilla en 1243, que firmó el infante en nombre de su padre.

En 1244, Fernando III alistó dos ejércitos para ir contra los musulmanes. Uno de ellos lo puso bajo el mando del infante don Alfonso para realizar una campaña por tierras murcianas. Durante la misma se produjo una serie de enfrentamientos con tropas aragonesas por discrepancias en la determinación de las zonas de conquista para ambos reinos. Discrepancias que terminaron al firmarse en marzo el tratado de Almizra por el cual Jaime I de Aragón reconoció el derecho de Castilla sobre Alicante. Fue una especie de reedición del tratado de Cazola firmado en 1179 por Alfonso VIII de Castilla y Alfonso II de Aragón. Resuelto el problema, el infante Alfonso, en su vuelta a Murcia, recorrió las tierras de Mula, Lorca y Cartagena. Para hacerse con ellas, primero sitió y conquistó Mula, luego se hizo con Lorca mediante un pacto de sumisión.

El segundo ejército se encaminó a Córdoba bajo el mando del propio rey. A su paso por Andújar realizó una incursión por tierras de Arjona, Jaén y Alcaudete. Arjona, la antigua capital de Muhammad ben Yusuf ben Nasr al-Ahmar, fue asediada y sus habitantes la entregaron. Luego volvió a atacar las plazas cercanas a Jaén, consiguiendo Pegalajar, Begíjar y Carchena. A continuación marchó a Córdoba, dejando al ejército en manos de su hermano Alfonso para que continuase hacia Granada.

En 1245, Cartagena fue conquistada por tierra y mar con la colaboración de los barcos de Santander. Don Alfonso permaneció en el recién conquistado reino de Murcia hasta que fue llamado por Fernando III. Éste realizó en junio una expedición para debilitar los territorios de Jaén, Alcalá (más tarde la Real), Illora y la vega de Granada. Terminada ésta, inició el asedio a Jaén. Al comprobar que el asedio no se levantaba, Muhammad ben Nasr al-Ahmar, rey de Granada, tuvo que negociar un pacto de vasallaje con Castilla de veinte años de duración y un pago de ciento cincuenta mil maravedíes anuales, pero el musulmán mantenía Granada, Málaga y Almería.

En marzo de 1246, Fernando III entró en Jaén. Su siguiente objetivo fue la conquista de Sevilla, pero para conseguirla necesitaba una flota, tropas suficientes y dinero. Mientras lo conseguía, puso sitio a Carmona, asoló su territorio y, después de la llegada de su aliado el rey de Granada, levantó el sitio y continuó su marcha hacia Alcalá de Guadaíra, cuyos habitantes, al tener noticias de los daños causados por los cristianos en Carmona, entregaron la plaza al rey de Granada, que a su vez la entregó a Fernando III. Después, las tropas castellano-leonesas continuaron hacia el bajo Guadalquivir donde tomaron o consiguieron bajo negociación el vasallaje de numerosas plazas, entre ellas: Jerez, Arcos, Vejer, Medina Sidonia, Sanlúcar, Rota y Cádiz. Esta última fue reconquistada por los musulmanes pocos años más tarde.

En 1247, Fernando III encargó a Ramón Bonifaz armar una potente escuadra en el Cantábrico con el fin de cerrar el asedio de Sevilla también por el río. Mientras llegaba la flota, tomó Carmona, Constantina, Lora del Río, Cantillana, Gerena y Alcalá del Río, dominando así el norte y este de Sevilla. En julio llegó Ramón Bonifaz con trece galeras, iniciándose entonces una dura guerra de devastación. En marzo de 1248, llegó el infante don Alfonso con gran número de tropas. El cerco era cada día fuerte. En mayo, la única vía que estaba abierta era un puente de barcas unidas por gruesas cadenas que enlazaba con Triana. Contra él lanzó Ramón Bonifaz sus naves más pesadas; el puente cedió y Sevilla quedó aislada de Triana, cuyo castillo se rindió seguidamente. Los sitiados ofrecieran varias condiciones para capitular que fueron rechazadas. Finalmente, en noviembre de 1248, la ciudad capitulo y sus ciudadanos dispusieron de un mes para dirigirse a África o al reino de Granada.

Durante los tres años y medio siguientes, Fernando III permaneció en Sevilla hasta su muerte acaecida en mayo de 1252. En 1671 fue canonizado por el papa Clemente X.

 

Sucesos contemporáneos

Ir a los sucesos

 

Reyes y gobernantes coetáneos

León:

Rey de León.

Alfonso IX (1188-1230).

------- Unión definitiva con Castilla en 1230.

Aragón:

Rey de la Corona de Aragón.

Jaime I "el Conquistador" (1213-1276).

Navarra:

Reyes de Navarra.

Sancho VII "el Fuerte" (1194-1234).
Teobaldo I "el Trovador" (1234-1253).

Condados catalanes
no integrados en la
Corona de Aragón:

Condes de Ampurias.

Hugo IV (1200-1230).
Ponce IV (1230-1269).

Condes de Urgel.

Guerao de Cabrera (1213-1228).
Aurembiaix (1228-1231).

------- 1231.- Integración en la Corona de Aragón.

Condes de Pallars-Sobirá.

Guillermina (1199-1229).
Roger I (1229-1236).
Roger II (1236-1256).

Al-Andalus:

Califas almohades soberanos en al-Andalus.

Abú Yaqub al-Mustansir (1213-1224).
Abú Muhammad al-Majlu (1224).
Abú Muhammad al-Adil (1224-1227).
Abú Zakariyya al-Mutasim (1227-1235).
Abú l-Ala Idris al-Mamun (1227-1232).

------- En 1228, la dinastía almohade se desvinculó de al-Andalus.

Terceros reinos de taifas.

Régulo de la taifa de Baeza.

Al-Bayasi "el Baezano" (1224-1226).

------- 1226.- Conquistado por Castilla.

Régulo de la taifa de Valencia.

Abú Zayd (o Zeit Abú Zeit) ben Muhammad ben Abi Hafs (1224-1229). (Gobernador almohade semiindependiente).

Zayyan ben Mardanis (1229-1238).

------- 1238.- Conquistado por Aragón.

Régulo de la taifa de Alcira, Denia y Jativa.

Desconocido (1224-1227).

------- 1227.- ¿Conquistado por Valencia?

Régulos de la taifa de Murcia.

Abú Abd Allah Muhammad ben Yusuf al-Yudami (Ibn Hud) (1228-1238).
Abú Bakr Muhammad ben Muhammad al-Watiq (1238). 7 meses.
Aziz ben Abd al-Malik ben Muhammad ben Jattab (1238-1239). 8 meses.
Zayyan ben Mardanid (1239-1241).
Muhammad ben Muhammad ben Hud Baha al-Dawla (1241-1260/1).

------- 1243.- Vasallaje a Castilla-León.

Régulo de la taifa de Málaga.

Abd Allah ben Zannun (1229-1238).

------- 1238.- Anexionado por Granada.

Régulo de la taifa de Menorca.

Abú Said Utman ben Hakam (1229-1281).

------- Reino vasallo de Aragón desde 1231.

Régulo de la taifa de Arjona.

Muhammad ben Yusuf ben Nasr al-Ahmar (1232-1238).

Rey del reino nazarí de Granada.

Muhammad I ben Yusuf ben Nasr al-Ahmar (1238-1273).

Régulo de la taifa de Niebla.

Suaib ben Muhammad ben Mahfuz (1234-1262).

Régulo de la taifa de Lorca.

Abú Abd Allah Muhammad ben Ahli (1240-1244).

------- Conquistada por Castilla-León en 1244).

Régulos de la taifa de Orihuela.

Abú Yafar ben Isam (1240-124?).
Abú al-Hasam ben Abú Yafar ben Isam (124?-1249/50).

------- Conquistada por Castilla-León en 1249/50).

Portugal:

Reyes de Portugal.

Alfonso II "el Gordo" (1211-1223).
Sancho II (1223-1247).
Alfonso III (1247-1279).

Francia:

Reyes de Francia.
(Dinastía Capeta).

Felipe II "Augusto" (1180-1223).
Luis VIII (1223-1226).
Luis IX "el Santo" (1226-1270).

Alemania:

Reyes de Germania.
(Dinastía de Hohenstaufen).

Otón IV Welf (1198-1218).
Federico II (1212-1250).
Conrado IV (1250-1254).

------- Gran interregno desde 1254 a 1273.

Emperadores del Sacro Imperio Romano Germánico.

Otón IV Welf (1209-1215).
Federico II (1215-1250).

Rey de Romanos.

Conrado IV (1250-1254).

Italia:

Reyes de Italia (Norte).

Perteneciente al Sacro Imperio Romano Germánico.

Dux de la República de Venecia.

Pietro Ziani (1205-1229).
Jacopo Tiepolo (1229-1249).
Marino Morosini (1249-1252).
Reniero Zeno (1252-1268).

Estados Pontificios. (Papas).

Honorio III (1216-1227).
Gregorio IX (1227-1241).
Celestino IV (1241).

------- Sede vacante desde 1241 a 1243.

Inocencio IV (1243-1254).

Reyes de Sicilia. (Sicilia y Nápoles).
(Dinastía Hohenstauffen).

Federico I (1197-1250). Emperador del Sacro Imperio como Federico II.
Conrado I (1250-1254).

Britania:

Escocia:

Reyes de Escocia.

Alejandro II (1214-1249).
Alejandro III (1249-1286).

Inglaterra:

Rey de Inglaterra.

Enrique III (1216-1272).

Gales:

Reyes de Gwynedd, Powys y Deheubarth.

Llywelyn Iorweth "el Grande" (1194-1240).
Dafydd II (1240-1246).
Llywelyn "el Último" (1246-1282).

División del
Imperio bizantino. (Bizancio):

Imperio de Nicea.
Emperadores.
(Dinastía Láscaris)

Teodoro I (1205-1222).
Juan III (1222-1254).

Imperio Latino de Constantinopla.
Emperadores.

Pedro de Courtenay (1216-1217).
Yolanda de Namur (1217-1219).

------- Interregno de 1219 a 1221.

Roberto de Courtenay (1221-1228).
Balduino II (1228-1261).

Imperio de Trebisonda.
Emperadores.

Alejo I (1204-1222).
Andrónico I (1222-1235).
Juan I (1235-1238).
Manuel I (1238-1263).

Despotado de Épiro.
Déspotas.
(Dinastía Comneno)

Teodoro (1215-1230).
Manuel (1230-1231).
Miguel II (1231-1268).

Imperios musulmanes: Califato árabe abbasí:

Califas abbasíes. (Bagdad).

Ahmad al-Nasir (1180-1225).
Muhammad az-Zahir (1225-1226).
Mansur al-Mustansir (1226-1242).
Abú Ahmad al-Mustasim (1242-1258).

Califato almohade:

Califas almohades. (Marrakech).

Abú Yaqub al-Mustansir (1213-1224).
Abú Muhammad al-Majlu (1224).
Abú Muhammad al-Adil (1224-1227).
Abú Zakariyya al-Mutasim (1227-1235).
Abú l-Ala Idris al-Mamun (1227-1232).
Abd al-Wahid al-Rasid (1232-1242).
Abú al-Hasan Alí al-Said (1242-1248).
Abú Hafs Umar al-Murtada (1248-1266).

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